El
primer verbo del versículo: "y todo el pueblo vió"
(literalmente, "ve", en presente simple), alude en general a los
cuatro niveles del versículo, pero en particular al primero de
ellos: "ve las voces" (refiriéndose a las palabras dichas por
Di-s, como nota Rashi). Nuestros sabios interpretan el
significado así: cuando la Torá fue dada a Israel, la
experiencia de la absoluta Unicidad de la Divinidad de Di-s fue
tan intensa, que unificó y sintetizó los sentidos humanos de ver
y oir: "ver lo oido y oir lo visto". Esto refleja el nivel de
sabiduría Divina en el alma - jojma, la iud del Nombre de Di-s -
que es el único poder del alma que percibe directamente la
unicidad Divina.
"Las
antorchas" representan la llama interna del alma, su deseo de
volver y ser consumida en la Luz Infinita de Di-s. Esta es la
experiencia de lo profundo de la comprensión y la meditación,
bina, la hei superior del Nombre de Di-s.
Se
explica en el jasidismo que "el tronar del shofar" representa el
poder Divino de "hacer bajar" y grabar las palabras de Di-s en
el corazón del hombre. El sonido del shofar causa, en principio,
estremecimiento en el corazón por el temor frente a Di-s, y
luego desear con toda la fuerza de nuestras emociones vivir
según la palabra de Di-s y caminar en Sus senderos. La raíz de
la palabra shofar significa "mejorar", que es la fuente de la
motivación en el corazón de mejorar y progresar continuamente en
el cumplimiento de la Tora. Este nivel de experiencia Divina
corresponde a las midot, las emociones del corazón, la vav del
nombre de Di-s.
Los
tres primeros niveles de experiencia Divina en el Sinaí son
revelaciones desde arriba. Pero el último y consumado nivel de
la experiencia es "despertar desde abajo", la "montaña
humeante". La palabra "humeante" (ashein) es explicada en cabalá
como un acrónimo de las tres dimensiones que abarcan toda la
realidad (fisica):
"mundo" ("olam" =
espacio),
"año" ("shana" = tiempo) y
"alma" ("nefesh" = el cuarpo humano viviente).
La
montaña en sí misma simboliza el más bajo de los elementos
físicos de la creación, la tierra, alzándose a sí misma hacia el
cielo. Ver la montaña "humeante" es experimentar la chispa
Divina innata en todas las dimensiones de la realidad física,
elevándose a sí misma por el deseo de retornar a Di-s, el
Creador. Esto corresponde a maljut, la hei final del Nombre de
Di-s (conocida en cabalá y jasidismo como "teshuvá inferior" en
contraste con la "teshuvá superior" de la primera hei, descripta
arriba).
Al
mantenernos despiertos la noche de Shavuot, estamos todos
capacitados, cada uno en su propio nivel para reexperimentar la
entrega de la Torá en el Sinaí. El misterio del Nombre Inefable
de Di-s llega a ser cincelado en la esencia de nuestras almas.
Nos volvemos capaces de experimentar Su Unidad Absoluta en todas
las facetas de nuestra vida, el "retorno" de nuestra conciencia
finita a Su Luz Infinita, el caminar en (o sea emular) Sus
caminos, y la elevación de toda la creación para reconocer a su
Creador.
Con
esta conciencia rectificada, nos convertimos en recipientes
verdaderos, con ojos abiertos para contemplar la revelación de
Mashiaj y la verdadera y completa redención de toda la realidad.
Que
seamos meritorios de esto, este año, Amen.