La Dimensión Interior -- Un Portal hacia la Sabiduría de la Cabalá y el Jasidismo

VIVIENDO CON EL TIEMPO
EL MES DE NISAN 5774
Algo nuevo está empezando

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El Éxodo de Egipto y su ubicación en el calendario hebreo marcan un nuevo comienzo del pueblo judío, un comienzo que lo separa del resto de la humanidad, pero que retorna y viene a establecer una relación con toda la sociedad.

¿Cuándo comienza nuestra historia, desde la creación del mundo o tal vez desde la salida de Egipto? La respuesta no es simple. Esta discusión surge de profundizar en “la parashá del mes", al final y en el cénit de las “cuatro parashot" que se leen en el mes de Adar, hacia el comienzo del mes Nisan. Si bien la mayoría de la parashá trata acerca de las leyes de Pesaj – y por eso se lee ahora, en preparación de la festividad que se aproxima- lleva el nombre de su apertura: [Éxodo 12:2]

"הַחֹדֶשׁ הַזֶּה לָכֶם רֹאשׁ חֳדָשִׁים רִאשׁוֹן הוּא לָכֶם לְחָדְשֵׁי הַשָּׁנָה"
Hajodesh haze lajem rosh jodashim rishón hu lajem lejodshei hashaná
“Este mes es para ustedes la cabeza de los meses, es el primero para ustedes de los meses del año”

Un verso que nos llama a renovarnos: lejadesh.

El primer precepto
En el nivel más simple, nuestro verso es el precepto de la santificación del mes y a partir del cual se establecen las fechas del calendario hebreo, porque Nisán es el primer mes del año. El Calendario hebreo original es dinámico y cambiante. Cada mes se fijbaa en el Beit Din HaGadol [la Corte Suprema de Justicia] cuándo comenzaba el mes (al ver el nacimiento de la luna y otras consideraciones que están bajo la jurisdicción de la Corte de Justicia), y cada tantos años decidían intercalar un mes en el año, que por eso es llamado shaná meuberet o año bisiesto. De tal manera, esto nos da una sensación constante del pulso inexorable del tiempo. Hoy en día se utiliza un calendario fijo (de acuerdo al sistema de reglas que establecidas), que deriva su validez de la última Corte Suprema que fijó los meses. Como sea, tenemos un calendario y la fecha hebrea continúa transcurriendo, mes tras mes y año tras año. Y este es el momento de tomar conciencia de la importancia de la fecha hebrea que nos distingue como judíos (porque también desde el punto de vista de la halajá hay que evitar el uso de la fecha gregoriana).
No en vano la palabra “mes” en hebreo, חודש , jodesh, viene de la raíz חדש , jadash, “nuevo” -porque el mes es un signo de renovación, como la luna que se renueva cada primero de mes. No en vano la palabra jodesh, “mes”, es similar a kodesh, “sagrado”, como en la expresión: kidush hajodesh, “la santificación del mes”. Y tampoco es casualidad que este precepto es mencionado precisamente ahora antes del inicio del mes de Nisán, para señalar que algo nuevo comienza -ya que es el primer precepto dicho a Israel como nación, antes del Éxodo.
De hecho, los sabios se preguntan por qué la Torá no comienza con el verso: "Este mes es para ustedes", ya que es el primer precepto que se le ordenó guardar al pueblo judío (mientras que los preceptos que les fueron dados a los patriarcas, como la circuncisión a Abraham, son obligatorios para nosotros sólo porque se nos fue ordenado guardar cuando nos convertimos en un pueblo en el Éxodo). "Todo sigue al principio" y si este es el primer precepto, entonces es obvio que esto no es un precepto individual, sólo uno de los 613, sino un precepto general, la llave que abre el mundo entero de la Torá y las mitzvot (preceptos).
Notemos que este precepto no está formulado en tiempo imperativo, como un pedido en donde se nos demanda hacer algo en particular (como por ejemplo en los siguientes versos: "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel... y tomarán para ellos cada uno un cordero para la casa de sus padres"). Más bien está fijando un hecho: esta "es la cabeza de los meses." Este tipo de lenguaje es familiar para nosotros de los Diez Mandamientos que comienzan con el mandamiento: "Yo soy Havaiá tu Dios...", una frase que, por un lado, está afirmando un hecho, pero por otro lado, también se nos está ordenando (es decir, el precepto de creer en Dios). Podemos aprender de esto que debemos relacionarnos con estos dos preceptos -santificar el mes y la creencia en Dios- como las piedras basales de nuestra vida: como judíos, está claro que creemos en Dios, "Yo soy Havaiá tu Dios", y está claro para nosotros que tenemos el precepto de santificar el mes, "Este mes es para ustedes."

Dos Principios
Alguien que estudia por primera vez con el calendario hebreo, se enfrentará con una pregunta simple: ¿Cuál es el significado de un año con dos comienzos? ¡Por un lado tenemos nuestro conocido Año Nuevo (Rosh Hashaná) en el primero de Tishrei, pero por otro lado tenemos la "Cabeza de los meses" el primero de Nisan! ¡¿No sería más lógico que un nuevo año comenzara en el primer mes y no en el séptimo?!
La respuesta se encuentra en la pregunta misma. De hecho, literalmente hablando, el año comienza en Tisrhei. Se podría decir que el calendario internacional y universal comienza en Tishrei. Pero en la Salida de Egipto ocurre una revolución. Dios se dirige a nosotros de una manera especial y nos dijo: "Este mes es para ustedes la cabeza de los meses. Es el primer mes de los meses del año para ustedes.” Para ustedes hay una nueva agenda. El nuevo año continuará siendo en Tishrei, pero a partir de ahora contarán los meses a partir de Nisan, el mes en que fuisteis rescatados, como explica Najmánides:

Esta cuenta no es para todo el año, ya que nuestros años comienzan a partir de Tishrei... Entonces, cuando llamamos a Nisan el primer mes y Tishrei el séptimo, nos estamos refiriendo al primer mes de la redención y el séptimo mes contando a partir de ella. Esta es la razón de por qué "es el primer mes de los meses del año para ustedes", porque a pesar de que no es el primero del año, es el primer mes para ustedes, el llamado para recordarnos nuestra redención.

Rosh Hashaná en Tishrei marca la creación del mundo, "En Tishrei fue creado el mundo", o, como decimos en las oraciones de Rosh Hashaná: "Este es el día del comienzo de Tus actos." Por el contrario, Nisan, como el primero de los meses, conmemora el Éxodo de Egipto. A primera vista, es más apropiado comenzar el año a partir de la fecha de la Creación, pero nos obstinamos en ser diferente, como si para nosotros, todo empezara desde el Éxodo. De hecho, cuando el Todopoderoso se nos acercó en el monte Sinaí, El no presentó su tarjeta de identificación como el Creador del Universo. En cambio comenzó diciendo: "Yo soy Havaiá tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto.” Esto significa que nuestra identidad judía comienza con la salida de Egipto, y reconocemos a Dios en primer lugar como Aquel que nos sacó de Egipto y nos eligió para ser su pueblo elegido.

Desde esta perspectiva, nosotros volvemos a la Creación y también reconocemos a Dios como el Creador de todo el universo. Havaiá es Elokeinu, nuestro Dios con quien tenemos una estrecha relación especial, y después Él es el rey de todo el mundo.

Uno puede ver las cosas a través del concepto de renovación, y decir que en la Salida de Egipto vivimos una renovación mayor y más admirable que la Creación del Mundo. Al parecer, no puede haber algo más nuevo que la creación ex nihilo, “algo de la nada”. "En el principio creó Dios... y Dios dijo hágase la luz y fue la luz". “Quien renueva con su bondad, cada día por siempre el Acto de la Creación”. No sólo como un evento del pasado, sino a cada momento. Sin embargo, como se explica en Jasidut, por más renovación maravillosa que sea, la percibimos sólo a un nivel relativamente exterior, superficial, “he aquí he sido creado y se renuevo, como un bebé recién nacido.

Pero hay una renovación más interior que esta, y es la renovación del alma. No sólo en el plano físico, y conciencia simple relacionada con el cuerpo, sino una renovación incomparablemente más profunda, la vitalidad Divina que se renueva en las capas más internas del alma. Por eso Dios se dirige a nosotros como “Quien nos sacó de Egipto-Mitzraim,” que nos saca de todas las limitaciones-meitzarim (también las limitaciones del cuerpo) y renueva nuestra alma, de tal manera que no sólo lo conozcamos como el Creador del mundo. En otras palabras, por medio de "הַחֹדֶשׁ הַזֶּה לָכֶם" , “este mes es para ustedes”, llegamos a sentir la verdadera vitalidad, como dar a entender la guematria: הַחֹדֶשׁ הַזֶּה לָכֶם = חיוּת , “este mes es para ustedes” = “vitalidad”.

Fuera de lo General

Volvamos a la profunda cuestión de la identidad. En nuestros tiempos todos llevamos nuestras cédulas de identidad con nosotros. Pero además, cada uno debe responder a la pregunta "¿Quién soy yo?" ¿Cómo me identifico a mí mismo, no como un individuo con un nombre especial, sino a cual "grupo" pertenezco? Hay algunos para quienes esta cuestión no es de ningún interés en absoluto, porque nacieron en una realidad simple y nunca la han puesto en duda. Así también es la respuesta judía simple a la pregunta de "¿Quién eres tú?" A lo largo de las generaciones ha sido siempre: "Yo soy judío." Ese es un hecho claro, aunque no entienda su significado.

Pero a los judios en particular, les gusta hacer preguntas (¿recuerdan las preguntas que hacemos en la noche del Seder?) y también nos deleita romper todas las convenciones y los mitos. Es por eso que puedes encontrar muchos judíos que tienen echan dudas sobre las respuestas tradicionales, y tratan de encontrar alternativas: que soy cosmopolita, que soy un ser humano, o que soy un israelí [por supuesto, el significado actual de israelí no es exactamente ser judío]. En realidad, este es un verdadero dilema: ¿hasta qué punto somos cosmopolitas, miembros de la gran "familia de naciones", y hasta qué punto somos una creación especial, judíos especiales?

Al parecer la respuesta es clara. El judío es algo completamente diferente. Sin menospreciar el resto de los seres humanos sobre la faz de la tierra -todos descendemos de Adám el primer hombre, que fue creado a "imagen de Dios"- tenemos un "gen espiritual" único grabado en nuestras almas. Así como Dios mismo nos presenta Su identidad como “Aquel que nos sacó de Egipto”, así también nosotros nos percibimos, no como una parte de la humanidad, sino como una nación con una identidad única y un destino especial.

Al final de cuentas, cada judío comienza su día con una declaración “provocadora", cuando bendice a Dios: "Quien nos eligió de entre todas las naciones y nos dio Su Torá". La verdad es que, por supuesto, esta declaración no pretende ser una provocación. Esta es nuestra identidad, que por su poder tenemos una responsabilidad especial para con toda la humanidad, y si lo negamos, negamos nuestra propia existencia. El pueblo judío es, en efecto, algo "fuera de lo común", una excepción entre las naciones y pasa a ser algo diferente.

Que enseña a lo general

Sin embargo, esta no es la imagen completa. Hasta ahora uno podría tener la impresión de que hemos dejado por completo el mundo de los gentiles, diciendo: "¡Shalom y hasta la vista!" Comenzando con Abraham, llamado "Abraham el hebreo [עִבְרי ] -porque todo el mundo estaba en un lado [עֵבֵר אֶחָד ] y él estaba en el otro lado [מֵהָעֵבֵר הַשֵׁנִי ]".

Pero en verdad, esto se refiere a una relación mucho más compleja entre los judíos y el resto del mundo. Esto se ejemplifica en las palabras de uno de los grandes maestros jasídicos, el autor de la Sefat Emet. Una de las reglas de la halajá con las cuales se explica la Torá es: “algo que estaba en general, y salió de lo general para enseñar algo, no salió para enseñar acerca de sí mismo sino de lo general del cual salió”. En nuestro contexto, dice el Zfat Emet, en un primer momento el pueblo judío se entremezcló con los gentiles. “Algo que estaba en general…”). Pero una vez que Abraham llegó a la escena, comenzó a cristalizar una nueva nación con una identidad única, con quien Dios hizo un pacto (expresado en la circuncisión de nuestro cuerpo). “Y salió de lo general para enseñar algo.” Pero Abraham no perdió la esperanza en el mundo. Lo llaman el "padre de muchas naciones" y acercó activamente al mundo al Todopoderoso y les enseñó a conocer a Dios, el temor y el amor: "Y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti." “No salió para enseñar acerca de sí mismo sino de lo general del cual salió.”

Más todavía, la singularidad del pueblo judío enseña algo acerca de la esencia que se encuentra, en cierta manera, en todas las naciones. Abraham surgió de ellos, y por lo tanto todos tienen una afinidad con él, como si en todos los humanos hubiera un punto "abrahámico" escondido, el potencial de convertirse en judíos que se concretó en Abraham y sus descendientes. Este punto esencial se refleja en la opinión de que cada uno tiene que convertir y convertirse en "un hijo de Abraham."

Volviendo a la Regla General

Hasta aquí todo bien, pero una vez que se produjo el éxodo de Egipto, sucedió algo diferente. Una vez que se completó la elección del pueblo judío, comenzó algo completamente nuevo. Dimos la vuelta a una nueva página que comienza con "Este mes es para ustedes." Entonces, el pueblo judío salió a un nuevo camino, independiente.

El Sefat Emet continúa diciendo que ahora se puede traer otra regla general: “Algo que estaba dentro de la regla general, y salió para legislar algo nuevo, no puedes traerlo de nuevo a su regla general hasta que sea devuelto por el texto literal para generalizarlo explícitamente.” En un primer momento el pueblo judío era normal, “Algo que estaba dentro de la regla general,” pero a la salida de Egipto se convirtió en algo nuevo, "extraordinario", “y salió para legislar algo nuevo,” y ahora ya no pueden volver a ser como las demás naciones.. La brecha se ha vuelto demasiado crítica, y ya no se puede medir a todos con la misma escala. Le dimos la espalda al Faraón, el rey de Egipto, milagrosamente, cruzamos el Mar Rojo y continuamos en nuestro camino hacia el monte Sinaí, para experimentar una experiencia judía única que nunca podrá ser repetida, con un calendario nuestro, nuestra propia Torá y, como si fuera, nuestro propio Dios (a quien conocemos de una manera que nadie más puede conocerlo). En esta etapa es difícil ver cómo el pueblo judío puede tener alguna relación con el mundo en general. "Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y los dos nunca se encontrarán." El pueblo judío salió de lo general, y nunca más podrá retornar. “No puedes traerlo de nuevo a su regla general”

Pero lo principal es el final: Al final regresamos y nos reunimos con las naciones. “Hasta que sea devuelto por el texto literal para generalizarlo explícitamente.” Al final algo nos devuelve a lo general, el Éxodo genera una conexión renovada y correcta entre Israel y los pueblos del mundo, los judíos y los gentiles. Esto no quiere decir que vamos a renunciar a nuestra singularidad, Dios no lo quiera, sino que logramos revelar ese punto esencial en los gentiles que recibe su vitalidad del pueblo judío, y resucitar la visión de Abraham de traer bendición a todas las naciones. Esta es la visión y la meta del Mashíaj ben David.

Mashíaj no es sólo el redentor del pueblo judío; él traerá bendición al mundo entero:

כִּי אָז אֶהְפֹּךְ אֶל עַמִּים שָׂפָה בְרוּרָה לִקְרֹא כֻלָּם בְּשֵׁם הוי' לְעָבְדוֹ שְׁכֶם אֶחָד

"Porque entonces yo me dirigiré a los pueblos con un lenguaje claro, para que todos proclamen en nombre de Dios para servirLe hombro con hombre"

Nuestro largo viaje comenzó con "Este mes es para ustedes" (החדש הזה לכם ) y concluye con el Mashíaj, el hijo de David (משיח בן דוד ). ¡Sorprendentemente, ambas expresiones hebreas tienen el mismo valor numérico! 424

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Con la finalidad de diseminar las enseñanzas de la dimensión interior de la Tora en la
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