Cabalá y Vida Moderna- Viviendo con el Tiempo

El Mes de Adar

por el Rabino Itzjak Guinsburgh

¿No te emborrachaste en Purim? Todavía estás a tiempo.
Purim: Entonces ¿quién soy yo? Una respuesta diferente con cada lejaim

La directiva muy conocida de los sabios es que en Purim,
Hay que embriagarse hasta que uno no pueda distinguir [lit. "no saber"] entre "maldito Hamán" y "bendito Mordejai".
Este dicho talmúdico es la base para la alegría de Purim, tanto en la ley judía como en la dimensión interior de la Torá. Pero ¿cómo debemos entender la condición de que debemos seguir bebiendo hasta que ya no se sepa la diferencia entre Amán y Mordejai?
Empecemos diciendo que no es necesario interpretar la diferencia entre saber y no saber ubicándolo en un momento bien definido en el tiempo, un momento exacto en que bebo y de repente ya no sé. Más bien, pasar de saber a no saber puede concebirse como un proceso evolutivo. Comienzo sabiendo y luego llego a un nivel en que ya no sé. Pero a su vez, desde esta nueva perspectiva puedo ver un nuevo nivel de no-saber y aspirar a llegar a él. De esta manera, estoy pasando continuamente entre los estados de saber (la diferencia entre Amán y Mordejai) y no saber cuál es la diferencia.
Por lo tanto, al igual que embriagarse es un proceso, ser capaz de decir la diferencia entre Mordejai y Amán tiene diferentes significados, dependiendo del estado en que nos encontramos.
Un orador muy conocido de Jabad dijo una vez: ¿Qué se obtiene cuando se cruza un Lubavitch con Carl Sagan? ¡Billones y billones y billones de lejaim!!! Así que vamos a empezar nuestro viaje y si te toca estar leyendo esto en Purim, te invitamos a decir una lejaim con nosotros en cada etapa!
El primer lejaim - El tzadik se eleva, el malvado cae
Lejaim, lejaim! Literalmente, no puedo expresar la diferencia entre bendito Mordejai y maldito Amán porque simplemente no puedo decidir qué es más importante, si la alegría porque Mordejai suba al poder o por ver la caída de Amán. En Purim no ocultamos que somos felices por la caída de Amán, basta como prueba, escuchar el estallido clamoroso en la sinagoga cuando oímos el nombre de Hamán durante la lectura de la Meguilá. Sin embargo, la alegría de Purim no es simplemente una alegría perversa, como regocijándonos con el infortunio de otra persona. Nos regocijamos porque el Todopoderoso reveló su Providencia sobre nosotros: "He aquí, el Guardián de Israel no descansa ni duerme". Y efectivamente Él intercede por nosotros como cuenta la Meguilá, dando vuelta la tortilla de modo que el malvado plan de genocidio de Amán se transformó en nuestro beneficio. De hecho, el árbol de 50 codos de altura fue idea de Amán, y donde finalmente terminó siendo ahorcado!

Al mismo tiempo nos regocijamos por el ascenso al poder de Mordejai. En Shushan, la capital del imperio babilonio, Mordejai fue nuestro Rebe, nuestro amado líder, y se levantó para convertirse en la persona más importante en todo el reino, como dice el verso de la Meguilá: "Porque Mordejai el Judío es el segundo del rey Ajashverosh". Estamos orgullosos del hecho de que "nuestro hombre", el bueno, sale victorioso y lo vemos como una revelación Divina, una santificación del nombre de Dios. El tzadik, el individuo virtuoso de la generación nos representa no sólo a nosotros como pueblo, sino también al Todopoderoso, ya que toda la historia de la Meguilá se inició con Mordejai negándose a rendir homenaje a Amán, santificando así el Nombre de Dios.
Entonces ¿qué es mayor, nuestra alegría por la caída de Hamán o por ascenso de Mordejai? Cuando uno está lúcido, se puede tener una opinión concreta prefiriendo una o la otra, pero después de un lejaim o dos, ya se puede hacer difícil decidir. Este es el primer nivel de no saber.
Segundo Lejaim: ¿Quién soy yo?

Habiendo visto a Amán y a Mordejai en el sentido literal, como dos personas reales del pasado, llegamos ahora a una interpretación más profunda. A partir de ahora, Amán y Mordejai reflejan diferentes aspectos de nuestro propio ser interior. Ahora, no saber la diferencia entre Amán y Mordejai significa que no puedo evaluar correctamente mi ser. ¿Soy como Amán o como Mordejai?
Digamos que en general soy un buen judío que sigue el Shulján Aruj (el Código de Ley Judía) ¿Pero a quién me parezco realmente por debajo de eso? ¿Soy como Mordejai el tzadik, aspirando naturalmente a hacer el bien, pero mi inclinación al mal me tienta desde afuera y trata de incitarme en contra de mi buen juicio? ¿O tal vez es todo lo contrario y por dentro me siento verdaderamente como Amán, malo y lleno de impulsos malvados, de bajos deseos, de ira la ira y otras maldades, pero de una manera u otra logro superar el volcán que brota dentro de mí y paso por un tzadik?
Aquí, los sabios nos enseñan que "Incluso si todo el mundo te dice que eres un tzadik, debes verte como un malvado". Así que, en general, me percibo como el malvado Amán! Es cierto, tengo muchos buenos puntos, pero, en esencia, me identifico con mis groseras tendencias animales (comida, bebida, etc.) Tengo una neshamá pura y santa (un alma divina) "una parte real de Dios en lo Alto", un "alma pura que Tú me has dado", que puede y debe vencer a mi yo primario. Pero, a pesar de que evito mi forma de ser para actuar como un ser humano y no como un animal, por dentro me siento verdaderamente un lobo con piel de oveja.
En una vena similar, cualquier persona que se considera un tzadik tiene un serio problema - aquí es donde entra en juego el orgullo, el origen de todo pecado.
En pocas palabras, en realidad mi inclinación al bien es la que puede aceptar que sea como el malvado Amán y mi inclinación al mal es la que quiere que piense que soy como el justo Mordejai!
Entonces ¿Qué sucede en Purim? Por un lado, podemos ver a algunas de las personas más introvertidas y amables, cómo después de unos cuantos tragos de bebida inician una penetrante búsqueda auto-critica en pos de su alma (algo que tendemos a reprimir). Ahora, en Purim puedo admitir el hecho de que en algún lugar muy dentro de mí, dentro de los confines interiores de mi alma soy un problema tan insoluble que da miedo pensar en ello. Entonces me pongo a llorar, con la conciencia de que soy yo el malvado Amán, y sólo por milagro no me han colgado de un árbol.
Por otro lado, al emborracharme en Purim como se debe, también puedo decir: "Yo soy Mordejai el justo!" Durante todo el año hemos estado en contacto con capas básicas y más bajas del alma, pero en Purim alcanzamos una profunda identidad, llegando a ese punto central y esencial donde todos somos justos. Esta es la profunda identidad judía que surge en Purim, en particular, y el propio Mordejai es el que la despierta.
Hay grandes tzadikim (personas justas) que puede proclamar su propia grandeza sin que nunca se les suba a la cabeza. El ejemplo clásico de esto es Moshé, quien escribió de sí mismo estas palabras en el rollo de la Torá: "Y aquel varón Moshé era el más humilde de todos los hombres." Sin embargo, Moshé mantuvo su gran humildad, incluso durante y después de escribir este verso. Nosotros también podemos llegar a este nivel en Purim: más allá de mi fachada personal, por debajo de todos los disfraces y mascaradas, soy judío y como tal me identifico con Mordejai y puedo decir: "bendito es Mordejai el judío".
Por lo tanto, en este momento, realmente no sabemos dónde estamos en la escala cuyos extremos van desde "maldito es Hamán" y "bendito Mordejai". Entonces, ¿quién soy yo entonces?
El tercer lejaim: vivir en el presente
¡Agárrate fuerte! La verdad es que en el nivel anterior, todavía sigo sin saber qué es “no saber”, porque con todo mi debate interior sobre quién soy y qué soy, Amán o Mordejai, todavía estoy muy involucrado con mi propia imagen. Estoy tratando de aceptarme a mí mismo, a definirme a mí mismo y calificarme, malvado o justo. Estoy tratando de cumplir la directiva "conócete a ti mismo", y aunque el resultado es un empate, todavía estoy inmerso en conocerme a mí mismo y no con el "no saber".
Ahora, después del tercer lejaim, tenemos que darnos cuenta que lo más importante no es ocuparse para nada  con la pregunta "¿quién soy yo?" Ahora comenzamos a interpretar que el no saber la diferencia entre maldito Amán y bendito Mordejai significa no importarnos si el Hamán en mí es maldito o si el Mordejai en mí es bendito, porque no estoy tratando de calificarme o definir mi propia imagen. Porque me doy cuenta de que todos los rasgos positivos y negativos que creo poseer, ninguno de ellos son realmente yo. Tal vez todos están en mi imaginación. ¿Quién sabe lo que hay en la raíz de mi alma?
Así, con el tercer lejaim llegamos a la conclusión de que no tenemos nada que hacer con todo lo que se refiere a la búsqueda espiritual, es sólo una tremenda gran pérdida de tiempo. El aspecto más importante de servir a Dios es vivir en el momento presente: en este mismo momento soy la materia prima que simplemente aún no ha sido formada y todavía todo es posible. Ahora podría ser cualquiera de los dos "bendito Mordejai", o, Dios no lo quiera, "maldito Hamán", y lo mismo ocurre con el momento siguiente y con cualquier momento. En cada segundo puedo decidir con absoluta libertad de elección ya sea interpretar el papel de Mordejai o de Amán. No tiene sentido tratar de identificarme como un malvado o como un tzadik, o imaginarme estar en algún lugar entre los dos, porque incluso intentar hacerlo es perder de vista mi verdadero objetivo. Tengo que vivir el presente, por encima de cualquier conciencia de lo que he sido, y sólo con lo que no debería ser en este mismo momento.
En el Tania, el Alter Rebe pone la figura del beinoní, la persona intermedia, como un ejemplo al que todos deberíamos aspirar. El beinoní es aquel que tiene prohibido incluso por un momento mirarse a sí mismo y decir: "Yo soy así, yo soy asá". Más bien, siempre soy un intermedio que puede elegir entre maldito Hamán y Mordejai bendito. Cada momento dado es el primer momento del tiempo y tengo que asegurarme que decida utilizarlo correctamente (incluso si he caído, no debo mirar hacia atrás demasiado, sino mirar hacia adelante y elegir el bien de ahora en adelante). Así es como debemos comportarnos durante todo el año. No obstante, sigue siendo difícil desprendernos de nuestra tendencia natural a calificarnos, de evaluar nuestro rendimiento. Sólo en Purim, después de unos pocos lejaim que nos ayuden a olvidarnos de nosotros mismos podemos realmente llegar a ese nivel de no saber en absoluto nada del pasado y sólo vivir el momento presente.
El cuarto lejaim: detrás de todas las máscaras
Entonces, hagamos otro "lejaim" y tomemos una respiración profunda. Comenzamos no sabiendo cuál alegría era mayor, la caída de Hamán o el ascenso de Mordejai. Seguimos no sabiendo quién soy y llegamos a ese nivel donde no importa en absoluto quién soy, porque todo es una mascarada...
Ahora llega el momento de eliminar todos los disfraces y revelar quién está realmente escondido detrás de todo este juego. Purim es la fiesta de "El Libro de Esther" (מְגִּילַת אֶסְתֵּר ), Meguilat Ester, que se puede traducir literalmente como "revelar lo oculto." Dios también está oculto, como dice el versículo: "En verdad, Tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel que redime".
Detrás de ese verdadero Amán (el que está en el árbol) y el real Mordejai (el que cabalga en el caballo), detrás de mi pequeño Hamán interior y mi pequeño Mordejai interior, e incluso detrás de mi ser en este momento presente, detrás de todo esto está Dios Todopoderoso. Como sabemos, no hay "nada fuera de Él", por lo tanto, cuanto más vamos pelando las capas de la realidad tal como la percibimos en general, del espacio, del tiempo, y de todas las almas en el mundo, cuanto más nos quitamos las ropas y buscamos la esencia desnuda de la realidad, más revelamos eventualmente el Ser esencial de Dios.
Es imposible retirar por completo la pantalla que oculta el Ser esencial de Dios dentro de todo, porque echaría a perder el juego. Pero, en el momento culminante de las festividades de Purim, podemos revelar el secreto escondido detrás de la pantalla: que detrás de las miles de máscaras de este mundo está el Uno y la Única y Sola eterna singularidad. Una vez que hemos llegado a esta etapa verdaderamente hemos llegado a un estado que puede ser descrito como no saber la diferencia entre el maldito Hamán y Mordejai el bendito, porque incluso detrás de Amán percibimos la esencia singular de Dios.
Este conocimiento no viene a justificar un caos anárquico en el mundo, Dios no lo quiera. Este estado de conocimiento que detecta el secreto de toda la realidad es sutil y difícil de alcanzar. No contradice el hecho cierto de que todos tenemos una clara misión de escoger el bien y aborrecer el mal. En realidad, esta es la razón por la que todo es posible, porque así como Dios se disfraza con diferentes disfraces y se oculta en todas partes, así nosotros también podemos seguir su ejemplo y decidir vestirnos como Mordejai todo el año.
Moisés y Mordejai
Para concluir, Purim está siempre muy cerca de Parashat Tetzavé, en la que nos encontramos con un fenómeno especial: no es mencionado el nombre propio de Moshé. Desde que leemos acerca del nacimiento de Moshé (en la parashat Shemot), hasta el final del Pentateuco, esta es la única parashá en la cual no aparece el nombre de Moshé. Esto a pesar de que Moshé se dirige justo al comienzo de la parashá con las palabras: "Tú ordenas" y continúa con dios hablándole directamente a Moshé.
En jasidut que la falta del nombre de Moshé indica que en esta parashá, él está a un nivel del ser aún más alto. Como hemos visto, podemos desprendernos de nuestra identidad personal más y más, hasta llegar a tocar algo de lo incognoscible, hasta no saber la diferencia (עַד דְּלֹא יָדַע , ad delo iadá), que también significa, literalmente, "hasta que lleguemos a lo desconocido" que está por detrás de todas las máscaras que disfrazan el verdadero yo. Este es el punto al que Moshé llegó cuando su nombre propio desaparece y sólo permanece el "tú" con el que Dios se dirige a él.
Los sabios afirman que "Mordejai en su generación era como Moshé en su generación". El Alma de Moshé se reencarna como Mordejai, y la combinación de estas dos cifras nos lleva a la esencia más íntima del alma judía, después de retirar la totalidad de sus fachadas, disfraces y máscaras, hasta que llega a lo desconocido que está más allá de todo el conocimiento. Al llegar a este nivel, me doy cuenta que no soy más que un feliz judío.
Feliz Purim!
Rabino Ginsburgh, del farbrenguen de la víspera de Purim 5772.

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Con la finalidad de diseminar las enseñanzas de la dimensión interior de la Torá
en la Tierra de Israel y en la Diáspora tomadas de las enseñanzas del
rabino Itzjak Ginsburgh