Cabala y Psicología
Tratamiento de
la Ansiedad
Un
Enfoque Cabalístico de la Salud Mental
Parte 9
Ignorar versus
Articular las Ansiedades.
Hemos establecido entonces, que es
saludable y positivo para la persona mantener una
relación fluida con su mentor o amigo. Y así
nos enseña el Talmud: "Hazte para ti un
rabino y adquiere para ti un amigo". La
persona debe sentirse a gusto analizando con su
consejero sus problemas e inseguridades, y en
especial en lo que se refiere a su relación con
Di-s. Además es de gran ayuda analizar
regularmente con su amigo o mentor su mundo
interior de pensamientos y emociones, incluso si
no sufre de ninguna ansiedad o problema en
particular. Esto es así, porque en el transcurso
de la verbalización de sus pensamientos internos
para poder compartilos con el otro, la persona
debe explorarlos quizás más seria y
profundamente que si lo hiciera de otra manera.
Tiene que ordenarlos, organizarlos y hacer de
ellos algo comprensible para poder expresarlos.
Todo el mundo posee aspectos de su vida
íntima que tiende a ignorar o a no darles
importancia. Debe enfrentarse a ellos e
integrarlos dentro de la imagen general que tiene
de sí mismo, si quiere que la sesión con su
confesor sea realmente productiva.
Este proceso de dar la cara y enfrentar
los aspectos menos positivos de su vida interna
implica varias etapas. La primera, que bastante a
menudo no se ejecuta concientemente, es una forma
que tiene el ser humano de ignorar espontáneamente
muchos sino la mayoría de los pensamientos que
afloran desde el subconciente. Esto es una forma
natural y saludable de supresión, con el simple
fin de evitar cada complejo o pequeño impulso
negativo que viene a la mente, complicando y
descarrilando las funciones de vida normales. Con
frecuencia, estos murmullos no están enraizados
muy profundamente en el subconciente y no
justifican ningún tratamiento importante que
pueda requerir mucha atención.
Las dos etapas siguentes son caminos
adicionales para ignorar el mal. Ambas están
justificadas al asumir que el alma Divina judío
no es afectada por la debilidad del alma animal,
y por eso es posible para la persona rectificar
su psicología total, acentuando su lado Divino y
facultándolo para asumir el pleno dominio de su
personalidad. De momento que la psicología
secular no reconoce la existencia del alma Divina
en sí, es de esperar que muchas escuelas psicológicas
desaprueben la aparente evasiva en tratar
directamente con las manifestaciones de los bajos
instintos que estamos por detallar.
Cuando una persona se da cuenta de que
sus pensamientos oscuros no lo abandonan y que no
ayuda el ignorarlos, se dirige hacia lo alto e
implora la ayuda de Di-s. Clamando a Di-s,
reconoce por fin la existencia del mal dentro de
sí, y admite que solo no puede combatirlo. En
este punto no hay todavía ninguna confrontación
directa con el mal, tampoco hay ningún intento
de su parte por convocar sus propias fuerzas para
luchar con él. Cuando el ruego tampoco es
suficiente, la persona comprende que Di-s desea
en este punto que empiece a enfrentar su mal
interior por sus propios medios, en vez de
aguardar que El venga en su rescate.
De todas maneras, antes de la confrontación
directa con su lado negativo, la persona debe
seguir tratando de ignorarlo, reemplazando sus
pensamientos por otros positivos. A este
respecto, es por supuesto particularmente eficaz
meditar acerca de ideas de la Tora, especialmente
aquellas que generan sentimientos de santidad,
pureza, optimismo y alegría. De esta manera no
quedará lugar en la mente para pensamientos
malos y confusos. ¿Qué hacer cuando fallan
incluso estos recursos, y los pensamientos
perjudiciales continúan acechando la mente? Es
tiempo entonces de verbalizar, explorar, ahondar
en los profundos recovecos de la personalidad,
hasta los más oscuros y menos placenteros, para
descubrir la raíz de estos pensamientos y
ansiedades y enfrentarse concientemente con ellos.
La persona debe tratar primero de
conducir este proceso de excavación verbal en
forma privada, explorando las cavernas oscuras de
su alma con su Creador. Si esto prueba ser
realmente insuficiente, y la persona siente que
necesita revelarse frente a un oido humano que
pueda escuchar sus problemas y aconsejarle como
lidiar con ellos, puede entonces dirigirse a su
buen amigo, un mentor o un terapeuta confiable.
Como acabamos de explicar, poner al
desnudo y discutir el mal oculto de la persona es
el último resorte, al que sólo se debería
recurrir si todas las opciones previas para
enfrentarse al mal han fallado. No obstante, se
debe advertir al mismo tiempo que cada etapa
sucesiva en el proceso terapéutico es también
un tipo de progreso, un estado adicional de
aptitud y audacia para desafiar el mal y
transformarlo en bien. Las técnicas iniciales de
aplastar e ignorar la ansiedad son ciertamente más
seguras, por cuanto que eluden quitar el cerrojo
del "closet" y ver al monstruo cara a
cara; pero son inferiores, de hecho, para
examinar la fortaleza de la bondad interior de la
persona. Es menor la necesidad de despertar el núcleo
de bondad latente en lo íntimo del ser, y por
eso permanece oculto al no ser confrontado con
las fuerzas oscuras que se le oponen.
Parecería ser que en nuestra generación,
la conversación cotidiana acerca de los
conceptos de la psicología moderna, produjo que
todos nosotros seamos o llegemos a ser expertos
en autopsicoanalizarnos. Y en cierto sentido así
es como debería ser. Nuestra generación es la
que será testigo de la verdadera y definitiva
Redención, que señalará la aniquilación del
mal y su trasnformación en bien. Puesto que este
proceso es un aspecto esencial de la Redención,
somos llamados ahora, y por lo tanto se nos da el
poder para participar en este proceso. Debemos
volvernos expertos en la transformación del mal
en bien, incluso de la clase de maldad que en el
pasado era mejor ignorar o suprimir.
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