Cabala
y Psicología
Tratamiento
de la Ansiedad 
Un Enfoque
Cabalístico de la Salud Mental
Parte
8
El Terapeuta Jasídico
En esta etapa, el confidente debe
identificarse profundamente con el confesante y
su situación, para poder tratar los más íntimos
y secretos deslices y fallas de este. ¿Cómo
espera hacer esto? El terapeuta jasídico es
alguien que se ha esforzado en estudiar,
internalizar y realizar las enseñanzas del
jasidismo por sí mismo, de manera conciente y
afanosa en su vida diaria. Refinando
persistentemente su propio carácter, y
especialmente practicando y adquiriendo el
atributo de humildad y autoabnegación a través
del continuo autoanálisis, el jasid adquiere la
habilidad de entender y asistir a su camarada con
sus propios problemas psicológicos. Las enseñanzas
del jasidismo imparten un entendimiento sutil y
sensible de la psicología humana, a aquellos que
las estudian devotamente y siguen su consejo.
Una de las trampas a que se enfrenta
alguien que se ha dedicado a la vida espiritual
es la de la falsa modestia. A primera vista, podría
parecer que una persona realmente humilde debería
esquivar el rol de confidente espiritual. Despues
de todo, ¿no es presuntuoso asumir que se ha
absorbido e internalizado las enseñanzas del
jasidismo, lo suficiente como para ser capaz de
dirigir y guiar a otro que todavía no ha
alcanzado su propio nivel de refinamiento? ¿No
debería temer, la persona que está siendo
orientada espiritualmente, de los inevitables
sentimientos de autosatisfacción que provienen
de solucionar con éxito los problemas de otra
persona?
Por supuesto, la verdad es exactamente lo
contrario: la persona realmente humilde se
humillará frente a la verdad, y será entonces
conciente tanto de su propia experiencia, dones y
talentos como de sus falencias y el largo camino
que todavía tiene por delante. Más aún, no
tomará en cuenta sus propios intereses y el
peligro espiritual que implica ayudar a otra
persona. Cuando sea convocado, va a asumir el rol
de consejero o asesor con afabilidad y convicción,
y no evadirá su responsabilidad por razones de
falsa modestia.
Sea como sea, la resolución segura de
los problemas del confesante nunca puede ser
atribuida únicamente a la sensibilidad y el buen
consejo del confidente. Esto es así, porque la
persona misma que se confiesa juega un papel
activo en la discusión de sus problemas y en los
esfuerzos para atravesarlos. Entonces, de hecho
las almas Divinas de ambos se unen en la lucha
por disipar el mal dentro del confesante. La
relación de fuerzas se inclina en favor del
bien, por lo que el mal efectivamente no tiene
chance.
La doctrina jasídica confía en la
habilidad del hombre para desarraigar el mal de
su interior (nuevamente, proveyendo las
condiciones requeridas que han sido descriptas),
y atribuye tanta importancia a este propósito,
que lo considera el desafío central del
verdadero educador/consejero. De momento que el
hombre nace como un asno salvaje (Job 11:12),
equipado desde el nacimiento con conductas y
tendencias predominantemente animales, el primer
objetivo que se debe fijar el educador/consejero
dedicado y sincero es desterrarlas. Más todavía,
sabe que su responsabilidad a este respecto es
tan seria, que si no tiene éxito seguramente va
a empeorar las cosas. El rol bíblico modelo en
el que todo terapeuta o educador jasídico debe
fijarse, es nuevamente Iosef. Como soñador e intérprete
de sueños arquetípico de la Torá, Iosef
encarna la cualidad de ser capaz de reordenar el
caótico divague de la imaginación no
rectificada o subconciente, en mensajes
significativos que sirven de clave para los
ocultos recovecos del corazón y la mente.
De acuerdo con nuestra tradición, la razón
por la cual Iosef fue capaz de hacer esto, más
que cualquier otra figura bíblica, se debe a que
él lucho exitosamente contra la tentación
sexual. Una vez que ascendió a una posición de
poder en Egipto, una tierra inicua por su
depravación y libertinaje sexual, pudo haber
sido para él la cosa más simple y natural,
entregarse a cualquiera de las abundantes
tentaciones sexuales. No obstante, se nos dice
que incluso a pesar de las proposiciones de una
mujer atractiva y seductora de la aristocracia,
resistió sus ofertas y guardó celosamente su
pureza sexual. Por esta razón, la tradición le
ha dado a Iosef el apodo de "el justo".
Como es bien sabido, la psicología
moderna verificó feacientemente que la mayoría
de las psicosis, neurosis, desórdenes y síndromes
están conectados con problemas sexuales. Marido
y mujer existen antes de la concepción y el
nacimiento como parte de una única esencia
espiritual indiferenciada, que es separada en la
concepción en sus componente femeninos y
masculinos. Por consiguiente, el hombre nace con
un deseo natural de encontrar su alma gemela
perdida, y las frustraciones y desviaciones que
experimenta a lo largo del camino en pos de este
objetivo, da origen a gran parte de la confusión
subconciente que socava su bienestar psicológico
a través de su vida.
Fue entonces por virtud de su inmaculada
y no afectada sexualidad, que Iosef pudo ayudar
exitosamente a otros a clasificar sus complejos
desórdenes psicológicos. Previamente
identificamos a Iosef como un buen pensamiento,
que permite a una persona ejecutar la segunda
fase de la terapia psicológica, ignorando la
ansiedad. Aquí estamos identificándolo con su
rol más importante, el del confidente
experimentado de la tercera fase, articulando la
ansiedad (ver entregas anteriores). Como tal,
Iosef es el rebe o mentor espiritual arquetípico
de la Torá.
De él han obtenido su inspiración todos
los pastores verdaderos del rebaño Judío y los
sinceros mentores, educadores y confidentes a
través de la historia.
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