Cabala y Psicología
Tratamiento de
la Ansiedad
Un
Enfoque Cabalístico de la Salud Mental
Parte 25
Dulcificación
sin Separación
Para ingresar a la
etapa final de dulcificar es necesario anteponer
las etapas precedentes de sumisión y separación.
El mismo acto de
discutir los problemas con una segunda parte y
hacer un esfuerzo conjunto para resolverlos, son
técnicas terapéuticas positivas y necesarias
establecidas por la Torá, pero esta fase de
dulcificar debe ser precedida por la de separación.
La psicología
secular no le da ningún valor apreciable a
ignorar los problemas, a sus ojos esto es represión,
negarse voluntariamente a permitir que afloren
los pensamientos subconcientes a la mente
conciente donde podrán ser tratados. Condo se
reprimen estos pensamientos, impulsos o deseos, sólo
se enquistarán en el subconciente, emergiendo
eventualmente en una forma mucho más perjudicial,
por lo que la psicología laica alienta a la
persona a enfrentarse con sus problemas psicológicos
tan pronto como se entera de ellos.
En verdad, ha
desarrollado la progresión de sumisión -
separación - endulzar todo en uno, y sin duda
esta progresión triple difiere fundamentalmente
de la implícita en las enseñanzas de la cabalá
y el jasidismo, de momento que no toma en cuenta
la existencia de Di-s o el alma Divina dentro de
la ecuación de la salud mental. No obstante, sus
muchos éxitos (con lo parciales que puedan ser)
indican que hay ciertos puntos de veracidad en su
entendimiento básico de la psicología humana,
esto en referencia a la topología de la psique,
el alma animal, que la psicología moderna
describe en forma bastante completa, como así
también en cuanto a su aproximación a la
terapia en general.
La fase de sumisión
de la psicología secular es la gran preocupación
del terapeuta y de la terapia con la cuestión de
los límites y fronteras.
En el curso de la
terapia se requiere del paciente que preste
debida atención al convenio que tiene con el
psicólogo, de qué es permitido o prohibido
dentro del consultorio y fuera de él. La
aceptación de las limitaciones que plantean
estas reglas de juego es una forma de sumisión,
la humillación del deseo del paciente (de otra
manera irreprimible), de expresar y lograr sus
aspiraciones de cualquier manera posible.
La etapa de
separación juega una de las partes cruciales del
diálogo entre ambas partes, en la que la
distinción es trazada entre aquellas facetas de
la psiquis del paciente que le son intrínsecas y
las que se originan fuera de si. En el transcurso
de tal discusión, muy a menudo el paciente cae
en la cuenta de que los elementos negativos que
consideraba parte componente de su personalidad,
son un bagaje externo que se ha injertado en él
y que no debe seguir cargando. La separación se
hace aquí entre el verdadero ser del paciente y
la caparazón externa y no esencial que lo
circunda.
En la fase de
dulcificación de la terapia psicológica secular
según es descripta gráficamente en las teorías
más recientes, el terapeuta juega a menudo un
rol de madre que le refleja los puntos buenos a
su hijo. Esto sirve para curar la psiquis enferma
del paciente en la medida en que estos buenos
puntos se expanden en su conciencia.
Esta psicilogía
incluso pone sus propios reparos contra la
dulcificación prematura, particularmente en su
discusión de la importancia del "timing"
de parte del terapeuta. Se le aconseja no hacer
incapie problemas difíciles antes del tiempo en
que se esté maduro para afrontarlos. A este
respecto, una mal manejo de los tiempos es
propenso a provocar una reacción terapéutica
negativa que sólo va a estropear el proceso y
posiblemente dañe al paciente.
Todo esto sirve
para ilustrar el hecho de que a pesar que a
menudo surja una afinidad entre la psicilogía
judía y la secular, permanece una diferencia
esencial: la psicología laica está limitada por
las fronteras del alma animal del paciente y el
intelecto del terapeuta, mientras que las prácticas
judías derivan su eficacia de la revelación de
los poderes infinitos del alma Divina y su
conección con su Fuente, como también de la
creencia profunda del terapeuta-mentor en su
existencia y potencia.
Separación
a Través de la Torá
Sea como fuere, la
psicolog'ia secular generalmente busca evitar lo
que considera ser la etapa perjudicial de
separación e ignorar la ansiedad. Este es el
ejemplo clásico de lo que la doctrina jasídica
identifica como la debilidad humana habitual de
procurar comenzar directamente con el proceso de
endulzar sin experimentar las etapas previas
necesarias de sumisión y separación.
La etapa de
separación es donde se pone en juego el elemento
excepcionalmente judío en el proceso de
interpretar la vida: la Torá. En hebreo, la
palabra Torá denota instrucción, es la
instrucción Divina para todo momento a través
de las generaciones que nos permite distinguir
entre lo sagrado y lo profano y entre lo puro y
lo impuro. En la etapa de separación la persona
define por si misma que es lo que se considera
permitido o prohibido. El propósito de hacer
esto es moverse enteramente dentro del reino de
lo permitido y al mismo tiempo alejarse de lo
prohibido en el pensamiento, el habla y la acción.
Cuando pasa por la mente un mal pensamiento (y
esto incluye todo pensamiento que distrae su
atención de su relación con Di-s) la reacción
inmediata será entonces ignorarlo.
Sólo después que
se ha establecido los límites entre el bien y el
mal y se ha vuelto práctico en el arte de
ignorar el mal, es posible proceder a la etapa
siguiente de endulzar. Sólo entonces la persona
puede comenzar a examinar, identificar y exponer
los recovecos de la mente subconciente para
transformar en luz este área oscura y no santa.
Este es el significado místico del verso que
describe la creación de luz y oscuridad (Génesis
1:5): "Y Di-s llamó la luz día y la
oscuridad El la llamó Noche". Le dió a
cada una su lugar propio y definido: "y fue
la tarde y fue la mañana, un día". Sólo
entonces todo pudo ser endulzado y volverse parte
de la unicidad de la creación.
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