Cabala y Psicología
Tratamiento de
la Ansiedad
Un
Enfoque Cabalístico de la Salud Mental
Parte 24
Las
Tres Fases de la Separación
La fase de la terapia denominada separación
es aquella en la que la persona ignora sus
ansiedades, problemas y malos pensamientos que lo
asedian y los reemplaza con pensamientos
positivos. Esta fase es necesaria para que ocurra
la fase final, que es la verbalización y discución
del problema, con el fin de que este pueda ser
curado o rectificado completamente.
Para poder referirse al tema en cuestión
objetivamente y analizarlo en forma veraz, la
persona debe deshacerse de las ataduras
subjetivas que lo unen a él. Cuando el judío se
concentra en un concepto de la Torá, incluyendo
temas teológicos como la naturaleza de Di-s, etc.,
está creando un punto de ventaja abstracto desde
el que puede asumir una relación imparcial con
sus problemas y complejos.
En el pensamiento jasídico es explicado
extensamente que la habilidad del judío de
rectificar el mundo y transformarlo en una morada
para Di-s depende de su habilidad de sentir que
el mismo no está sujeto a las restricciones y
limitaciones inherentes del mundo. El desapego es
un prerrequisito para influenciar. Cuando una
persona se siente distanciada de este mundo de
esta forma, algo así como un extranjero en una
tierra extraña, puede ver el mundo objetivamente
y ver qué necesita ser arreglado y, en mayor o
menor medida, cómo arreglarlo. Sin esta separación,
es atrapada por las leyes naturales e impiadosas
de este mundo. Por lo tanto, antes de ingresar a
la etapa de endulzar, donde el ocultamiento de la
Divinidad que deforma este mundo se transforma
definitivamente en la revelación de Divinidad
que debería ser, debemos pasar primero por la
etapa de la separación.
Es tentador pensar que esta fase de
separación en la psiquis se inicia sólo cuando
una persona comienza a estudiar Torá. Es
entonces cuando llena el vacío de su mente con
aguas vivificantes como describimos
anteriormente, y aprende cómo distinguir entre
el bien y el mal. Sin embargo, la verdad es que
la fase de separación se inicia mucho antes que
esto, virtualmente desde el nacimiento.
La Torá ordena que cada varón judío
sea circuncidado ritualmente ocho días después
de su nacimiento. La mujer es considerada
circuncisa de nacimiento, o sea que posee de
entrada cierta perfección espiritual que el
hombre sólo adquiere a través de la circuncisión.
Este acto implica que el prepucio, que se
interpone entre las terminaciones nerviosas del
hombre y el mundo exterior, es un defecto
espiritual que debe ser removido. Este
engrosamiento de autoaislación frente a los
sentimientos de los demás es la manifestación física
del egocentrismo innato que, si se deja en su
lugar, ser volverá la raíz de todos los males
que pueden plagar a la persona en la vida. La
circuncisión es el acto de sensibilizar a la
persona a los sentimientos de los otros y
neutralizar su ego.
Por supuesto, esto no quiere decir que un
hombre circuncidado o una mujer es inmune al ego
y las afecciones que lo acompañan. La persona
puede readquirir su egocentrismo tanto a través
de influencias externas o por identificarse con
su naturaleza animal. Esto se denomina mancillar
o dañar el pacto de la circunsición (pegam
habrit). El hecho de que la persona fue
circuncidada cuando niño (o de nacimiento en el
caso de la mujer) le da la capacidad a lo largo
de su vida de rectificar y dulcificar
fundamentalmente su subconciente con sólo hacer
el esfuerzo necesario. Su circuncisión es su
poder de revelar las profundidades oscuras y
ocultas de su alma en una confesión sincera a un
confidente adecuado. Eliminando la caparazón del
egocentrismo se le hace posible adquirir una visión
objetiva de sus problemas.
Dentro de la fase de separación de la
terapia, podemos identificar tres subfases tal
como lo hicimos en la fase de sumisión.
La primera etapa de la separación es
cuando el individuo admite su incapacidad para
atacar directamente los múltiples problemas,
ansiedades, neurosis y psicosis que identificó
dentro de si en la fase de sumisión. Simultáneamente
a la comprensión de su bajeza y degradación
existencial, está la asumsión de la
imposibilidad de confrontar y desafiar la plétora
de problemas por si mismo. Su primer recurso es,
entonces, ignorarlos. Esta admisión de inaptitud
es la subfase de sumisión dentro de separación.
La percepción y el efecto subconciente
de la circuncisión en la psiquis de la persona
es que sabe que es esencialmente bueno, y
existencialmente separado de los problemas y
ansiedades que asedian a su mente. En cualquier
momento puede beneficiarse con la ayuda de Di-s,
de momento que El está siempre a su lado, como
si fuera, listo para salvarlo de la embestida de
los pensamientos malos y oscuros que lo atacan
constantemente. En este sentido, siempre se puede
considerar a si mismo por encima de las miserias
de este mundo. Esta es la subfase de separación
dentro de separación.
La subfase de endulzar dentro de separación
es cuando la persona llena activamente el espacio
vacío de su mente con pensamientos positivos de
Torá y/o optimismo.
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