Cabala y Psicología
Tratamiento de
la Ansiedad
Un
Enfoque Cabalístico de la Salud Mental
Parte 23
Las
Tres Fases de la Sumisión
La primera etapa de la rectificación de
la psiquis es la sumisión. El agresivo yo es la
causa de todo mal físico y espiritual y su
neutralización es la condición sine qua non del
proceso de rectificación. Cuanto más grande sea
el ego de la persona, más lo serán sus
preocupaciones y problemas; cuanto más se empeña
la persona en la experiencia de si misma y ocupa
su conciencia con sus propios sentimientos y
autoimagen, más intimidante va a ser cualquier
cosa que entraé una amenaza potencial a la
perfección de su autopercepción. Merece todo y
carece de todo.
Por lo tanto, la etapa primaria y más básica
para recobrar la salud de la psiquis es la sumisión.
La sumisión es la simple percepción y la
experiencia existencial natural de no ser
perfecto. A cierto nivel, toda persona sabe que
tiene un alma animal, un depósito básico de
deseos y conductas egoístas. Aunque generalmente
preferimos identificarnos con objetivos más
elevados que este, en verdad la mayor parte del
tiempo nos identificamos con este alma,
consideramos como propia su perspectiva, forma de
pensar y aspiraciones. Una vez que la persona se
da cuenta de esto, la lógica conclusión es que
no merece nada! en contradicción con su presunción
inicial. En realidad no es mejor que nadie y es
muy grande la posibilidad de que sea peor que la
mayoría de la gente.
Siendo este el caso, todas las ansiedades
de la persona se desvanecen como una bocanada de
humo. Ya no merece nada, y ya nada es una amenaza
para su propia imagen nunca más. El conocimiento
de su bajeza innata lo hace comprender que es
naturalmente propenso a adquirir toda clase de
complejos y desórdenes psicológicos. El lado
oscuro de su personalidad, que ahora cae en la
cuenta de que domina su conciencia, actúa
naturalmente como un magneto para todo malestar físico
y psicológico imaginable que exista.
Entonces, si hay algo positivo acerca de
su vida, sólo puede ser una acción benevolente
inmerecida que Di-s le concede. Su respuesta a
este acto de gracia Divina será de una
interminable alegría y agradecimiento a Di-s.
Alumbrado con esta nueva luz, la persona
despojada de su ego podrá considerar bueno todo
lo que le suceda, de momento que todo proviene de
DI-s y todo lo que El hace es bueno, porque esa
es su naturaleza.
El objetivo del auto refinamiento es
reorientar nuestras emociones hacia la Divinidad;
Di-s debe ser el único objeto de nuestro amor,
el único al que temamos, y así sucesivamente.
Sin embargo, para lograr esto la persona no debe
intentar cambiar la orientación de sus emociones
directamente, buscando experiencias que lo
inspiren a amar y temer a Di-s, ya que por cierto
puede tener un éxito temporario en reorientar
sus emociones de esta manera, pero el efecto será
efímero. En cuanto la experiencia llegue a su
fin, se irá con ella la emoción así engendrada.
El camino más efectivo para lograr el cambio
buscado es el indirecto, sujetando la mente y
forzándola a contemplar verdades que generen
espontáneamente las reacciones emocionales
correspondientes.
La magnitud de la nulificación del ego
que la persona puede alcanzar depende de qué es
lo que contempla y cómo elige contemplarlo.
Primero debe considerar su nulidad existencial
como así también la del universo en general. De
todas maneras esto no es suficiente en y por sí
mismo. Debe seguir examinado todas sus fallas y
defectos, que se expresan como sus ansiedades y
temores. A medida que va reviendo una por una, se
va arrivando más y más graficamente a lo
absoluto de su nulidad existencial. El efecto
acumulativo de encarar un ejemplo trás otro de
la propia insignificancia, es un "agujero
negro" psicológico que succiona el ego de
la persona, aniquilándolo trozo por trozo.
En esta etapa, la persona está demasiado
ocupada enfrentando su propia tosquedad y
vulgaridad como para rectificar o sanar sus
ansiedades. Todo lo que puede y debe hacer en
este punto es sobrecogerse ante lo profundo de su
depravación a medida que se va desplegando ante
si. Esta habilidad de examinar las propias
ansiedades sin sentirse atrapado dentro de ellas
es un presagio de la segunda fase de la sumisión,
como se explicará.
En el curso de la contemplación de la
infinidad de Di-s y la nulidad del a creación en
general, la realidad de esta verdad se va gravar
tanto en la mente que va a comenzar a considerar
insignificante a la creación. Si continúa aún
más con la consideración de esta realidad,
llegará a la conclusión de que la creación per
se no posee una existencia independiente en
absoluto, como está escrito: no hay nadie fuera
de El.
No obstante, cuando comienza a contemplar
esta verdad en todos sus detalles, teniendo en
cuenta sus falencias en todo su relieve gráfico,
comprenderá que no sólo no tiene la intrínseca
realidad que posee Di-s, es una antítesis de esa
realidad. Su orientación material le da a su
vida en general un cariz de negación y afrenta a
la omnipresencia de Di-s. No sólo es no
significativo, no real y no esencial, sino
antisignificativo, antireal y antiesencial; no sólo
no posee una realidad intrínseca, sino que posee
una realidad negativa. En verdad es un agujero
negro espiritual de anti materia, una mancha
negativa en la perfección de la creación de Di-s.
Después de esta contemplación intensiva
de sus fallas, la persona se vuelve en súplica
hacia Di-s clamando desde las profundidades de su
corazón, le suplica que lo abrigue y, en Su
infinita misericordia, le tienda un puente sobre
el abismo que lo separa de El. Cada detalle de la
ahora desenmascarada depravación de la persona
deviene en causa y sujeto de una nueva plegaria,
otro clamor dirigido hacia Di-s.
Hemos identificado entonces tres
subprocesos distintos dentro del proceso general
de sumisión. De acuerdo con el principio de
interinclusión, estos son los tres subniveles de
sumisión dentro de sumisión, separación dentro
de sumisión y dulcificación dentro de sumisión.
La anulación general del ego es sumisión dentro
de sumisión; la examinación detallada de las
falencias y ansiedades es un acto de separación,
porque separa a la persona de sus problemas y lo
divorcia de su identificación con ellos; la
plegaria a Di-s sincera y humilde, la conversación
privada entre el hombre y su Creador, es similar
a la etapa dulcificante de la confidencia a un
confidente, identificándose aquí claramente con
la etapa de dulcificación dentro de sumisión.
Un nuevo capítulo es incorporado a la página web cada semana, y
enviado gratuitamente en el Mensaje de Tora
semanal de la lista de email de la Dimension
Interior.
Suscríbase ahora enviando un
email a spanish@inner.org.
|