Cabala y Psicología
Tratamiento de
la Ansiedad
Un
Enfoque Cabalístico de la Salud Mental
Parte 16
Contemplando
la Humildad del Hombre
La percepción de la absoluta realidad de
Di-s y la tenue naturaleza de la creación, hace
que la persona desarrolle un saludable desdén
por todo lo que se oponga a este conocimiento.
Todo lo que desafíe la existencia de Di-s,
requiriendo nuestra atencion o respeto por si
mismo se vuelve, concientemente o no, un enemigo
de la verdad. Aquel que percibe la verdadera
naturaleza de la realidad buscará tanto elaborar
cómo evitar tales entidades. Ciertamente, la
maldad (y el pecado) debe ser definida como todo
aquello (o todo acto) que se opone a la percepción
de la existencia de Di-s y Su voluntad por parte
del hombre.
Una persona que lleva grabada debidamente
en si misma la perfección de la existencia de Di-s,
ha de valorar los elementos que integran su vida
en términos de hasta qué punto armonizan o no
con esta verdad. Y el primer elemento de su vida
que deberá estar sujeto a este escrutinio es su
propia conducta. ¿Vive su vida amando, temiendo,
respetando, etc. a Di-s, o a un panteón completo
de pequeñas deidades?
Cada uno sabe en cierta medida que posee
un alma animal, un bagaje básico de urgencias y
conductas egoístas. Aunque generalmente nos
guste identificanos a nosotros mismos con causas
más elevadas que ésta, la verdad es que la
mayoría del tiempo nos identificamos con este
alma; consideramos como nuestras su perspectiva,
forma de pensamiento y aspiraciones.
Por consiguiente, contemplar la grandeza
de Di-s luego de llevar a la persona a la
apreciación de su propia insignificancia,
favorece que llegue al reconocimiento de su
propia imperfección y bajeza. Una vez que la
persona comprendió esto, su conclusión chocante
pero lógica debe ser que, al contrario de su
sentimiento original de que es una víctima
inocente de alguna circunstancia o fuerza malévola,
ya no es sorprendente que en realidad esté
plagado de cualquier cantidad y clase de
problemas. A pesar de que pueda cubrirlo con una
fachada de decoro, de hecho no es menos animal
que cualquiera, e incluso las chances son
bastante elevadas de que el sea más depravado
que muchos. Entonces, ¿qué derecho tiene a
merecer alguna cosa?
Este entendimiento lleva a propinarle el
primer golpe al ego, junto al espectro completo
de sus ansiedades. El individuo ya no siente que
merece algo, por lo que el tener menos de lo que
amerita no le puede causar ningún problema. Ya
nada podrá pretender coercionar su inflada
autoimagen ahora debilitada. Por el contrario, el
conocimiento de su propia bajeza le hace entender
que debe estar propenso a todo tipo de complejos
y desórdenes psicológicos. Ahora comprende que
el lado oscuro de su personalidad domina su
conciencia, y actúa naturalmente como un magneto
para todo malestar físico o psicológico
imaginable.
Entonces, si hay algo positivo en su
vida, sólo puede ser una bondad inmerecida que
Di-s tuvo para con él. Su respuesta a este acto
de gracia Divina será una inmensa alegría y un
fluir de agradecimiento a Di-s. Mientras que una
persona egocéntrica siempre considera
insuficiente lo bueno que tiene en su vida, lo
que en consecuencia es motivo de lamentación, la
persona humilde considera que lo bueno que recibió
está por encima y más allá de lo que merece y
por lo tanto es causa de alegría y gratitud
consumada. De hecho, cuanto más simple se siente
la persona, más indigno se va a sentir de
merecer la benevolencia de Di-s, y más feliz va
a estar con lo que El le pueda dar. La felicidad
de la persona es proporcional a su sentimiento de
no merecer. Incumbe pues a la persona examinar
sus propios errores a la luz de todo esto, bajo
el mayor candor y detalle.
Bajo esta luz, la persona humilde va a
ser capaz de considerar bueno lo que pudiera
sucederle, de momento que todo proviene de Di-s y
todo lo que hace Di-s es bueno, simplemente
porque tal es su naturaleza.
Esta negativa a relacionarse con el ego y
los problemas que presenta con todo el respeto
que presume demandar, es claramente un acto de
silenciar el ruido interno con el que trata de
monopolizar la atención del individuo. La negación
del ego requerido por este proceso es un acto de
sumisión, la persona debe humillarse ante la
suprema realidad de Di-s..
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