Cabala y Psicología
Tratamiento de
la Ansiedad
Un
Enfoque Cabalístico de la Salud Mental
Parte 14
La
Ansiedad y El Ego
La primera etapa de la terapia es
suprimir la ansiedad, o sea disminuir su
significancia y reducir su importancia en la vida
de la persona. A pesar de que teóricamente esto
puede ser realizado diréctamente minimizando el
valor del problema mismo y demostrando que las
cosas no son tan terribles como parecen, esto es
contraproducente en la mayoría de los casos. En
el momento en que un problema toma proporciones y
se vuelve causa de ansiedad, muchas veces la
persona afectada esta convencida de su extrema
gravedad.
Tratar de argumentar en contra de esta
convicción solo lo estimulará a probar cuan
grave es el problema. El camino seguro es el
indirecto, desinflar el problema desinflando el
propio ego de la persona. Aunque al principio
estemos tentados a pensar que la persona acusiada
por la ansiedad sufre por tener disminuida su
autoimagen, y que atacando su ego aumentaremos la
gravedad de la herida, esto esta lejos de ser el
caso. Cuando la ansiedad esta fuera de control,
esto mismo infla el ego. La obsesión que tiene
la persona por su problema exagera su
autoconciencia y lo fuerza a pensar y focalizarse
en sí mismo, al extremo de hacerlo incapaz de
relacionarse con otras personas.
Su mundo se vuelve totalmente egocéntrico,
más y más él y menos los otros. Más todavía,
cuanto más grande es el problema según la
percepción de la persona, tanto más grande se
va a considerar a sí mismo, ya que sólo gente
grandiosa puede sufrir semejantes problemas.
Por debajo de todo complejo de
inferioridad yace un profundo complejo de
superioridad. Pero lo opuesto también es cierto:
cuanto más grande es el ego, mayores serán los
temores y problemas de la persona. Cuanto más
experimenta la persona su propio ser y llena su
mente con sus propios sentimientos y autoimagen,
mas intimidatorio es todo aquello que represente
una amenaza potencial a la perfección de su auto
percepción.
Más todavía, el ego genera deseos
egoistas. Cuanto más grande se siente la
persona, tanto más siente que merece, por lo que
más agraviado se va a sentir frente a la falta
de cualquier cosa a la que se siente merecedor.
La dicotomía entre lo que tiene y lo que siente
que debería tener lo molesta contínuamente. El
ego entonces atrapa a la persona en un espiral de
ansiedad que se autoperpetua y aumenta. A medida
que su ego crece así aumentan sus problemas, y
cuanto más se agravan su ego crece
consecuentemente.
Entonces, la neutralización del ego es
el paso obligado en el proceso de rectificación;
la etapa más básica y primaria en la salud de
la psique es la sumisión.
La pregunta es: Cómo podemos neutralizar
el ego?
Tenemos aquí nuevamente un método
directo y uno indirecto para elegir. Según las
palabras de nuestros sabios del Talmud, la forma
directa es contemplar la pequeñez del hombre, y
la indirecta es contemplar la grandeza del
Creador. Rabi Dover de Mezeritch sucedió al Baal
Shem Tov como líder del movimiento jasídico;
una vez dos discípulos suyos, Rabí Elimelej de
Lizhensk y Rabí Zusha de Anípoli, le
preguntaron si comenzar el proceso de
autorefinamiento contemplando la grandeza de Di-s
o la inferioridad del hombre.. Rabí Dovber les
respondió que mientras que en las generaciones
anteriores era posible comenzar con la humildad
del hombre, en nuestra generación es mejor
hacerlo a partir de la grandeza de Di-s.
En otras palabras, el metodo indirecto es
nuevamente el de preferencia. Si una persona
empieza por considerar su propia pequeñez puede
lograr convencerse de ello, pero siempre va a
estar centrado en sí mismo. Pero cuando ha
contemplado plenamente la vastedad de Di-s va a
ver su propia condición a la luz de la grandeza
del Creador. Aun cuando va a enfrentar a su
propio ego, seguirá haciendolo en forma
indirecta.
Así, la respuesta jasídica al
egocentrismo es el teocentrismo. Autorefinamiento
o la anulación del ego significa reorientar las
emociones hacia la Divinidad. Di-s se vuelve el
objeto de nuestro amor, el único al que tememos,
y asi sucesivamente con el resto de nuestras
emociones. Esta es la esencia de la psicología
judía, el objetivo de vivir no es "conocerse
a sí mismo" sino "conoce al Di-s de tu
padre".
Así y todo, una vez mas la persona puede
tratar de cambiar la orientación de sus
emociones directa o indirectamente. El metodo
directo es buscando experiencias que inspiren
amor y temor a Di-s. Por cierto que puede
reorientar exitosamente sus emociones en forma
temporal con este sistema, pero su efecto será
efímero. En cuanto la experiencia termine, pasará
con ella la emoción que engendro. El camino más
efectivo para reorientar las emociones es el
indirecto, o sea, llevar a la mente a contemplar
verdades que provoquen una elevación espontanea
hacia reacciones emocionales correspondientes.
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