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LA CABALÁ DEL ARIZAL

LIBRO BAMIDBAR

SHELAJ: ALMAS DE ESPÍAS Y PRÍNCIPES

(Comentarios del rabino Moshe Wishnevsky sobre las palabras del Arizal que están resaltadas en negrita )

La porción de la Torá de esta semana comienza con la historia de los príncipes de cada tribu que fueron enviados a espiar la Tierra de Israel antes de que el Pueblo de Israel entre en ella.

Iosef les dijo (en Egipto): “Ustedes son espías…”  

Comentando el verso “Y Iosef les dijo: ‘Ustedes son espías…' (Génesis 42:9) dicen nuestros sabios que Iosef les estaba anunciando a sus hermanos que [se reencarnarían y] espiarían la tierra de Israel, pero que Ioshúa –el príncipe de la tribu de Efraim, el hijo de Iosef, no serían espías [reencarnados] .

El patriarca Iaacov tenía doce hijos, cada uno de los cuales habría de ser el progenitor de una de las doce tribus de Israel. Cuando Iosef le dijo a sus hermanos “ustedes son espías”, les estaba diciendo en realidad que once de ellos (incluyendo a su hermano Levi) se reencarnarían como espías para espiar la tierra. El Arizal nos explicará cómo funciona esto, siendo que ningún espía provino de la tribu de Leví.

Basado en esto, podremos entender muy bien este pasaje. Notemos primero que cuando la Torá se refiere a los príncipes de Israel, en un verso anterior (Bamidbar 1:16) son llamados “las cabezas de miles de Israel”, mientras que en este pasaje [acerca de los espías] son llamados “las cabezas de los hijos de Israel” (Bamidbar 13:3).

La razón de esta discrepancia es la siguiente: Cuando Dios previó que estos príncipes iban a pecar y que Moshé quería enviarlos, diseñó una forma para fortificarlos, minimizando y rectificando, de alguna manera, la maldad que ellos podrían hacer. Entonces decretó que las almas de los hijos de Iaacov, los hermanos de Iosef, que eran literalmente “los hijos de Israel [es decir Iaacov] ” estuvieran infundidos en [las almas de] los estos espías, de manera tal que [su santidad] los ayudara a no pecar por completo. De todas maneras, esto no los ayudó.

Iaacov es también conocido como “Israel”, entonces la frase “los hijos de Israel”, que hace referencia usualmente al pueblo judío como un todo, se puede entender literalmente como “los hijos de Iaacov”.

Esta infusión de las almas de los hijos de Iaacov, es un ejemplo de “ ibur ”, literalmente “impregnación”, un tipo específico de reencarnación en donde el alma que se reencarna no es el alma única y completa del cuerpo en el cual se reencarna, sino más bien se “injerta” donde hay un alma ya presente. El resultado es que el alma de un individuo retiene su conciencia e identidad intrínseca, pero su poder es incrementado por aquellas almas impregnadas que “hospeda”.

Este es el significado místico del verso “Eran todos hombres, eran las cabezas de los hijos de Israel” (Íbid 13:3), es decir, ellos mismos eran [los progenitores de] las tribus, que eran realmente las “cabezas” del pueblo judío.

La palabra “cabeza” también significa “principio”.

Este es también el significado místico del verso “ [Envía por tí mismo hombres que espíen la tierra de Canaan] que le estoy dando a los hijos de Israel”. El verbo “estoy dando” está en presente continuo, significando: “Estos hombres que estás enviando ahora para espiar la tierra que Yo les estoy dando ahora a los Hijos de Israel son también [los progenitores de] las tribus, que son llamados ‘los hijos de Israel'. Se la daré a ellos en mérito de esta expedición, si la merecen.” El alma de Iosef estaba impregnada en el espía de la tribu de Menashé…

Ahora, las once [almas de los progenitores de las] tribus [salvo Iosef] estaban infundidas en los once espías. Como la tribu de Leví no tenía ninguna porción en la Tierra, no necesitaban enviar un espía.

La Tribu de Leví no iba a obtener su sustento de la agricultura y la ganadería, su “trabajo” era servir a los sacerdotes y los Levitas del Templo y enseñar la Tora al resto del pueblo. Vivían de sus deberes de los sacrificios en el Templo, de diferentes diezmos, y en general de lo que las otras tribus debían entregarles. Vivían en ciudades especiales separadas para ellos, rodeadas de parques, pero no tenían tierras para la agricultura. Entonces, como no estaban interesados en la tierra en sí misma, no se envió ningún representante de su tribu a espiar la Tierra de Israel.

En su lugar, la tribu de Iosef estaba dividida en dos: Menashé y Efraim, los dos hijos de Iosef. Antes de su muerte, Iaacov hizo de ellos progenitores de dos tribus para que el número de estas siga siendo doce en el caso de que la tribu de Leví no sea contada.

El alma de Iosef estaba impregnada en el espía de la tribu de Menashé, por eso está escrito: “De la tribu de Iosef, de la tribu de Menashé…” (Íbid 13:11)

Al enumerar los príncipes de las tribus que fueron enviados como espías, en cada caso se usa la expresión “de la tribu X, …”. Aquí, el nombre de la tribu (Menashé) está precedido de la frase “de la tribu de Iosef”. La tribu de Efraim es mencionada antes , por eso “de la tribu de Iosef” no se puede considerar como que abarca a las dos tribus de Efraim y Menashé. Este fenómeno, nos dice el Arizal, alude entonces al hecho que el alma de Iosef estaba impregnada específicamente en el príncipe de Menashé.

A pesar de que en todos los casos Efraim tiene precedencia, de todas maneras Iosef estaba asociado con Menashé, para indicar lo que hemos dicho. Cuando Iaacov separó a Iosef en dos tribus, intentó darle precedencia a Efraim sobre Menashé, aunque este era el primogénito.

Entonces, Ioshúa quedó como el espía de la tribu de Efraim, sin la impregnación de [un progenitor de] ninguna tribu. Moshé tuvo temor de enviarlo, por si fuera a pecar. Entonces, Moshé llamó a Hoshea bin Nun, ‘Ioshúa'”.

Su nombre era “Hoshea”, pero Moshé lo cambió por “Ioshúa” en ese momento. En hebreo la única diferencia entre las letras de estos dos nombres es el agregado de la letra iud a Hoshea, quedando así Ioshúa .

[Hizo esto] porque como dicen nuestros sabios rezó por él: “Quiera Dios separarte del plan de los espías”. (Sotá 34b)

El nombre “Hoshea” significa salvación. Al agregarle la letra iud , el nombre comienza ahora con el nombre de Dios de dos letras I-áh , ( iud-hei ). El nombre “Ioshúa” se puede interpretar como “Que Dios salve”. Moshé le introdujo así el alma de Leví…

El significado místico de llamarlo con este nuevo nombre es que [así Moshé] introdujo [en Ioshúa] el alma de Leví, el hijo de Iaacov, alma no se había impregnado en el príncipe de su tribu, como mencionamos. Justamente Moshé fue capaz de hacer esto, porque [como cabeza de la tribu de Leví] debería haber ido en esta misión y ser el espía de esa tribu. En cambio envió a Ioshúa, su discípulo, en su lugar, porque [el discípulo] es considerado como un hijo, como es sabido. Entonces, el alma de Leví, que debería haber estado impregnada en Moshé, lo estaba en Ioshúa.

Podemos ahora comprender mejor una diferencia en la expresión que ocurre en este pasaje: Primero Dios dice: “Envía por ti”, dirigiéndose a Moshé en singular. Luego [en el mismo verso] dice: “Enviarán un hombre por cada una de sus tribus ancestrales”, dirigiéndose ahora en plural.

En hebreo la primera vez dice en singular shelaj , y la segunda tishleju , en plural.

Además, la expresión “por ti” parece ser superflua. Pero en verdad, estas inconsistencias aluden a lo que hemos dicho. Dios primero se estaba refiriendo al más grande de todos los emisarios, el de la tribu de Leví, Moshé, cuando le dijo: “envía por ti”, es decir, como tú no estás yendo envía a otro en tu lugar. En referencia al resto de las tribus, sin embargo, Dios se refirió a Moshé en plural.

Al enviar a los espías, Moshé estaba actuando en aras y como representante de todo el pueblo judío, por eso Dios se le dirige en plural. Aunque el alma individual de la persona se retira de ella cuando peca…

Moshé envió entonces a Ioshúa [en su lugar] y colocó dentro suyo el alma de Leví, como dijimos.

Ahora, mientras [los espías] exploraban la Tierra, armaron un plan malvado, denigrar la Tierra. Por ese motivo, las almas de [los progenitores de] las tribus que se les habían impregnado partieron de ellos. Como es sabido, un alma que se adhiere a una persona por medio de “reencarnación” [ guilgul ] no se retira hasta que muere (ver Shaar HaGuilgulim , comienzo de la introducción 5), pero la que entra a una persona por “impregnación” [ ibur ] se retira de ella cuando peca. Está dicho: “Retírate ahora de encima de las tiendas de este pueblo perverso!” (Números 16:26) De hecho, incluso la propia alma de la persona se va cuando peca. Este es el significado místico del dicho de nuestro sabios que “El malvado incluso en vida es llamado “muerto” ( Berajot 18b).

A esto se alude en el verso “Y fueron y vinieron a Moshé y Aarón” (Números 13:26). [Las palabras “y fueron” parecen referirse a la expedición de los espías en la Tierra de Israel] Pero ya se dijo [en el verso anterior] que “regresaron de explorar la Tierra”, entonces ¿por qué el relato menciona nuevamente que estaban yendo, ahora que ya habían vuelto? El verso debería decir simplemente “Y ellos vinieron a Moshé”.

La respuesta es que la frase “y fueron” se refiere a la salida de aquellas almas [impregnadas] , y la frase siguiente “y vinieron” se refiere nuevamente a los espías mismos. Cuando vinieron a Moshé, las almas impregnadas ya habían partido de ellos.

[Los espías fueron entonces condenados a muerte] pero se nos dice: “Ioshúa y Caleb vivieron de entre estos hombres” (Íbid 14:38). Ahora, la palabra “vivieron” no parece ser aquí muy apropiada.

Pero es utilizada para indicar que en el caso de ellos las almas impregnadas no salieron. Estas fueron las almas de Iehudá en Caleb y de Leví en Ioshúa. Como no participaron en el pecado de los espías (es decir no denigraron la Tierra de Israel desanimando al pueblo de Israel a que entre en ella, no había motivo para que esas almas impregnadas salieran de ellos. Así, poseían una dosis extra de fuerza vital. Entonces, la expresión “vivir” es utilizada en referencia a ellos dos, más que “sobrevivir”.

Sin embargo, los otros espías “murieron” tan pronto como llegaron ante Moshé, en la medida en que sus almas impregnadas partieron de ellos, porque “el malvado incluso en vida es considerado muerto”, como ya dijimos. Por eso [los contrastes narrativos entre Ioshúa y Caleb y ellos, diciendo] “de entre estos hombres”, que aparece como superfluo.

Esto también está insinuado en el verso: “Y mi siervo Caleb, por cuanto había un espíritu diferente en él” (Íbid 14:24). Esto se refiere al hecho de que en los otros espías había un espíritu diferente de las almas impregnadas de [los progenitores de] las tribus en ellos. No “permanecieron leales a Mí” y por eso salieron [de sus respectivos descendientes].

La frase “permanecieron leales a Mí” es del verso que se acaba de citar describiendo a Caleb, y significa literalmente “cumpliendo conmigo”. El Arizal está diciendo así que las almas impregnadas de los hijos de Iaacob no completaron la tarea para la cual habían sido impregnadas. No fue su falta, por supuesto, por eso no se trata de imputarles ninguna culpa.

Caleb se postró en plegaria sobre las tumbas de los patriarcas en Hebrón… Con respecto a Caleb, sin embargo, desde un principio había impregnado en él un espíritu diferente, el alma de Iehuda, y por eso no pecó. Entonces “permaneció leal a Mí” y fue tan leal al final como al principio.

La razón de que estos dos [Ioshúa y Caleb tenían un “espíritu diferente” dentro suyo] fue porque en el caso de Ioshúa, el rezo de Moshé fue tan efectivo, como su permanente cambio de nombre. La plegaria de Caleb fue efectiva, porque sabemos que se postró [en plegaria] sobre las tumbas de los patriarcas en Hebrón. Por eso no pecó con el plan malvado [de los espías].

Ya explicamos en otro lugar ( Shaar HaGuilgulim , introducción 36) que Caleb era una reencarnación de Eliezer, el sirviente de Abraham. Esto le agrega significado al hecho de que fue a rezar a Hebrón.

[A pesar de que Eliézer provenía de una semilla maldita, cuando Labán le dijo:] “Entra, bendecido de Dios”, salió de la categoría de maldito y entró en la de bendito.

Eliezer era un caananita, descendiente de Canaan, cuya semilla maldijo Noaj que sea una casta se esclavos. (Íbid 10:25-26)

Me parece, Jaim [Vital], que esto está aludido en el verso “Y Mi siervo Caleb”, queriendo decir que era originalmente un sirviente caananita, es decir maldito, pero ahora fue “Mi sirviente, es decir bendito.

 

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