Cabala
y Medicina
La Curación del Cuerpo y el
Alma 
Parte 29
La Inclusión de la
Izquierda en la Derecha
La sangre transporta las células del
sistema inmunológico que luchan contra las
enfermedades. La sangre está asociada con la sefirá
de biná, los vasos sanguíneos con la de guevurá
y el sistema inmunológico con hod. Estas
son las tres sefirot ubicadas en el lado
izquierdo del “Arbol de la Vida”, por lo que
podemos inferir que el proceso curativo es de
hecho la curación de la izquierda.
En el próximo capítulo veremos que la
rectificación y cura de la izquierda, o más
específicamente la tendencia o atracción del
centro sobre la izquierda, depende de la inclusión
voluntaria (o la tendencia) de la izquierda hacia
la derecha, caracterizada esta última por su
atributo de misericordia. Como hemos visto
arriba, el fenómeno de la enfermedad se
caracteriza por una separación existencial o
enajenamiento (que en general refleja un estado
mancillado de hod, la capacidad de
reconocer al otro ser verdadero y bueno que nos
complementa).
Vemos aquí nuevamente que la enfermedad
es el alejamiento de la izquierda respecto de la
derecha.
Esto está expresado bellamente en el
libro de los Salmos:
Y yo digo:
Es mi padecer [jaloti]
Que la mano derecha del Altísimo ha cambiado
En cabalá, el “cambio” en la mano
derecha del Altísimo” alude al ocultamiento
del principio Divino llamado “derecha”,
producido por el alejamiento de la izquierda.
Esto es el exilio, la bondad de Di-s se oculta a
Sus hijos, a Israel, que es el estado referido
aquí como “padecimiento”, que literalmente
significa “enfermedad”.
En jasidut, la palabra jaloti que
significa “en mi padecer”, es interpretada en
4 sentidos emparentados entre si. Significa también
“en mi temblor” (como en la expresión jil
uradá, “temblor y sacudida”), síntomas
de debilidad y enfermedad; “en mi enfermedad”;
“en mi plegaria” (como ya vimos en la
plegaria de Moisés luego del pecado del becerro
de oro); “en mi capacidad de endulzar lo amargo”
(nuevamente, el propósito profundo de la
enfermedad).
“La
derecha del Altísimo” no sólo se refiere al
eje derecho de las sefirot, sino también
a la corona suprema, keter, de la que está
dicho: “no hay izquierda en el Anciano [un
apelativo de keter], todo es derecha”.
En cabalá, la corona se asocia a Arij Anpín,
literalmente “el rostro alargado” [‘o
infinitamente extendido’]. La palabra arij
(alargado) es semejante a aruká, “cura”
o “remedio”. En general, el eje derecho de
las sefirot es llamado por el Zohar:
“el eje extendido”. La palabra arij la
encontramos en las iniciales del versículo:
Ki Ani Havaiá
rofeja.
Porque Yo soy Di-s quien te cura.
Y también en las del final de nuestras
sentidas plegarias a Di-s para que nos cure:
Amen, ken
iehí ratzón.
Amén, que así sea Su voluntad.
La aparente redundancia de la cita del Zohar
–“no hay izquierda en el Anciano, todo es
derecha”– significa, según la cabalá y
jasidut, que el origen espiritual de la “izquierda”
está por cierto presente en la corona suprema,
pero que allí también es “derecha”, “todo
es derecha”. Entonces, la corona es lo que
inspira a las sefirot de la izquierda a
reconocer la bondad de la derecha y a desear
identificarse con ella.
El comienzo de la unión de ambos lados,
las de dos sefirot diferentes, está a nivel de
la mente: la unión de jojmá y biná,
padre y madre; que en el alma es la unión de las
experiencias de desinterés y alegría.
Con respecto a la enfermedad que está
descripta explícitamente en la Torá, la lepra,
y su curación, nos enseña la cabalá y el
jasidut que el origen de la enfermedad es la
disociación de jojmá y biná. En
concordancia con las correspondencias psicológicas
descriptas arriba, significa que la médula ósea
no produce continuamente células sanguíneas
nuevas. La curación depende del poder de keter
de reunir a los “dos compañeros” jojmá
y biná.
Fisiológicamente,
keter corresponde al sistema respiratorio,
lo que parecería indicar que una respiración
apropiada, profunda (en una atmósfera saludable)
puede inun flujo adecuado de energía saludable
desde la médula ósea hacia las células sanguíneas.
La sangre fortificada continuará descendiendo
por el eje de las sefirot, hasta alcanzar
y fortalecer el sistema inmunológico para
sobreponerse a la enfermedad.
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