Cabala
y Medicina
La Curación del Cuerpo y el
Alma 
Parte 25
La Raíz
Etimológica de “Enfermedad”
La raíz de dos letras que significa “enfermedad”
(jal, jet lamed) posee varios
significados de significados aparentemente
opuestos, como es el caso de muchas raíces
etimológicas del idioma hebreo (y su lenguaje
hermano, el arameo).
Primeramente, esta raíz puede significar
tanto “débil” o “fuerte”. En la historia
de Samsón y Dalila –cuando Samsón le revela a
Dalila el secreto de su fuerza– “enfermarse”
significa “debilitarse”:
Le confió
todo su corazón, y le dijo:
“Una navaja nunca a pasado sobre mi cabeza,
Porque he sido un nazareno ante Di-s desde el
vientre de mi madre.
Si fuera rasurado, entonces mi fuerza se iría
de mi,
Y me volveré débil [vejaliti],
Y seré como los demás hombres.
En jasidut, aprendemos de estos últimos
dos versos que el mismo concepto de “enfermedad”
es algo relativo en la naturaleza. Lo que para
cualquier otro hombre puede ser un estado de
buena salud y bienestar, para Samsón es un
estado de enfermedad. Perder su fuerza es perder
su propio sexo o status masculino; volverse como
una mujer, del sexo débil (lo que nosotros
consideramos como natural y saludable ciclo
menstrual de la mujer, es considerado en la Torá
como un estado innato de enfermedad, una de las
maldiciones que recibió Eva por su pecado de
comer del fruto del Arbol del Conocimiento del
bien y el mal).
En contraste, la palabra jail,
similar a “enfermo”, significa “fuerza”,
como está declarado respecto de los justos en
este mundo y el Mundo por Venir:
Ellos van
de fortaleza en fortaleza [mijail el jail],
Cada uno de ellos aparecerán ante Di-s en Zión.
Un soldado es un jaial. Una “mujer
de valor” es eshet jail.
Otro par de opuestos, de la raíz jal
(sobre todo en su acepción aramea) es jal
en el sentido de “amargo” o “acre” y jal
en el sentido de “dulce”.
La relación entre amargura y enfermedad
se hace ostensible en el hecho de que el nombre
del órgano físico, que de acuerdo con los
sabios es el asiento de todas las enfermedades,
significa “amargo”, es lo que conocemos como
vesícula biliar, que en hebreo se llama mará
(de mar, “amargo”), de la que está
dicho: las ochenta y tres enfermedades (el valor
numérico de la palabra “enfermedad” en
hebreo [majalá], como se explicará) que
afligen a la humanidad son dependientes de la vesícula
biliar.
La bilis de la glándula biliar fue
llamada por los antiguos humor “amarillo” o
“verde” en el cuerpo. En cabalá y jasidut es
asociado en particular con los deseos naturales
del cuerpo de procurar placer físico. Es
conocido además como “las aguas inferiores”
de la creación, en oposición a las “aguas
superiores”, el placer espiritual y Divino.
Cuando las dos aguas están separadas y
distanciadas una de la otra sobreviene la
enfermedad.
Incluso estando prisionera, atrapada en
las garras del placer físico, enajenada de su
fuente espiritual, aún así la conciencia
interior de las aguas inferiores clama a Di-s con
existencial amargura: “nosotras también
deseamos estar en la presencia de Di-s,
experimentar el placer Divino como lo hacen las
aguas superiores”. Así, aprendemos en jasidut
que la enfermy su remedio dependen de la
rectificación o redirección del “principio
del placer” del alma, la transformación de lo
amargo (la aparente dulzura de los profanos
placeres físicos) en (verdaderamente) dulce (placer
de lo Divino, la experiencia de la completa
unidad Divina subyacente en toda la realidad,
tanto física como espiritual).
Basado en estos dos fenómenos –la
relación etimológica de “debilidad” con “fuerza”
y “amargura” con “dulzura”, en conjunción
con la palabra hebrea para “enfermedad”– se
nos enseña en jasidut que la “enfermedad”
es un estado intermediario del ser, el
intermediario entre la vida y la muerte. “Vida”
es un estado de santidad (“el que es
verdaderamente santo vive para siempre”),
mientras que “muerte” es un estado de
profanidad (el origen de todas las impurezas). El
estado intermedio es el reino de lo “mundano”
(julín, de la raíz jal, “enfermedad”).
En cabalá es conocido como kelipat noga,
“la cáscara transparente”, el intermediario
entre transparencia (la revelación clara de la
naturaleza Divina de la realidad) y opacidad (encubrimiento,
no reconocimiento de la Divinidad).
De esta manera, la enfermedad puede
servir como un puente entre dos direcciones: de
la vida hacia la muerte o de la muerte hacia la
vida. Recuperarse de la enfermedad es renacer,
vivir de nuevo. Uno de hecho se enferma para
volverse más fuerte y sano que antes. A veces,
como en el caso del Mashíaj, para
conectarse con almas caídas y asi elevarlas. El Mashíaj
sufre una verdadera enfermedad física para
redimir –alzar desde el reino de la muerte–
al pueblo de Israel y a toda la humanidad.
En las siempre resonantes palabras de Isaías:
…él [Mashíaj]
es un hombre de dolor,
familiarizado con la enfermedad [joli],
…
En verdad, él ha soportado nuestra
enfermedad [joloeinu],
Y ha sufrido nuestro dolor.
Como se enseña en jasidut, cada
uno de nosotros posee una chispa de Mashíaj.
Si una parte esencial de la Divina providencia
que actúa en uno se vuelve enferma, es que viene
a identificarse con todas las almas sufrientes y,
suplicando a Di-s, intenta recuperarse y ser
redimida junto con todas ellas.
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