Cabala
y Medicina
La Curación del Cuerpo y el
Alma 
Parte 24
El
Sistema Inmunológico
El
Sentido Innato del Yo y el no-Yo
Dentro de los sistemas fisiológicos del
cuerpo, el sistema inmunológico es el que actúa
como el mecanismo de defensa natural del cuerpo
en contra de la enfermedad. Monitoreando el
status interno del cuerpo para determinar qué le
pertenece de verdad y es saludable, el sistema
inmune suena la alarma al detectar la presencia
de sustancias extrañas, no compatibles o incluso
amenazadoras. Al detectar la invasión de alguna
sustancia foránea, el sistema inmune determina
si su presencia es una amenaza, dañando celulas
sanas. La presencia de sustancias tales como
virus, etc., señalará una alerta y demandará
una respuesta. En este punto, este sistema crea
anticuerpos y células especiales para
neutralizar o destruir la sustencia extraña
dentro del cuerpo.
El sistema inmunológico es nuestra
sensibilidad a materias extrañas y se puede
asemejar, extendiéndolo al plano espiritual, al
sentido innato de la persona del yo y el no yo,
lo que es propio o no. La persona está en su
hogar con si mismo, con lo que considera ser
parte de él, y naturalmente se repliega frente a
lo que siente que no es propio, todo tipo de
invasión extranjera tanto a nivel biológico en
forma de una enfermedad, o psicosocial en el
sentido de influencias extrañas e indeseables.
Por lo tanto, los problemas del sistema
inmune están relacionados con el mecanismo de
defensa del cuerpo. Un ejemplo extremo es el caso
de una enfermedad autoinmune, que ataca la raíz
del propio mecanismo de defensa del cuerpo, dejándolo
incapaz de distinguir entre elementos sanos e
insalubres, confundiendo entre ambos. Más aún,
el sistema inmune puede experimentar entonces una
confusión tal que percibe erróneamente al
propio cuerpo sano del individuo como una amenaza,
y el aliado o nuestra propia gente aparentan ser
los enemigos. En esos casos, el sistema inmune
realmente crea anticuerpos para luchar en contra
de las celulas y órganos sanos del cuerpo mismo.
En las palabras del profeta Isaías (Isaias
5:20):
“Ay de
aquellos que llaman al mal bien y al bien mal;
“Que
toman a la oscuridad por luz y a la luz por
oscuridad;
“Que
toman a lo amargo por dulce y a lo dulce por
amargo!!”
En las tres equivocaciones psicológicas
que caracterizan la naturaleza de la enfermedad,
como está esbozado aquí por el profeta —mal
versus bien, oscuridad versus luz y amargo versus
dulce— el que sufre de una enfermedad ve
primero lo negativo como positivo (mal por bien,
etc.) y en consecuencia, luego ve lo positivo
como negativo. También es así con respecto al
cuerpo: en una enfermedad autoinmune, primero
malinterpreta a la materia invasora insalubre
como algo saludable, y luego continúa luchando
en contra de sus propias células sanas, como si
fueran invasores externos.
Enseña la cabalá que la palabra “Ay”
(oy) con que comienzan estos versos del profeta
se refiere a un estado existencial de “desaparición”
o desvanecimiento de la luz espiritual y fuerza
de vida del cuerpo. En particular, esa fuerza de
vida que se expande por medio de la sangre —el
sistema fisiológico que corresponde a la sefirá
de biná— a todos los órganos del
cuerpo (en cabalá: de jesed a hod),
retorna y desaparece del cuerpo hacia su origen
en el reino inconciente de la mente. Esta ya no
es capaz de afectar a los órganos, permeandoel
cuerpo con la habilidad innata de entender qué
es bueno (para mi) y qué es malo (para mi). Como
veremos más adelante, todas las enfermedades se
relacionan con el bienestar de la sangre y el
sistema circulatorio. La sangre tiene la función
de llevar “entendimiento” —biná—
a todas las células del cuerpo. “Ay” de las
disfunciones de la sangre que se reflejan en la
mala interpretación del sistema inmunológico.
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