Cabala
y Medicina
La Curación del Cuerpo y el
Alma 
Parte 18
Arrepentimiento
y Retorno a Di-s
Enseñan nuestros sabios que “es grande
el arrepentimiento, porque trae curación al
mundo”.
En los capítulos previos vimos que el máximo
objetivo de la plegaria a Di-s es alcanzar un
estado de silencio interior, nuestros ojos se
elevan hacia El y su inminente salvación (que es
“como un abrir y cerrar de ojos”) y nuestro
corazón se llena de alegría (“alegría en el
sufrimiento). Aquí el alma alcanza el nivel de
la corona suprema, keter elión.
Más adelante explicaremos que este nivel
es aludido en la frase “porque Yo soy Di-s,
quien te cura”, cuyas iniciales forman la
palabra Arij (literalmente, “el rostro
amplio, extendido”, simbolizando la paciencia
infinita) que es un apelativo de keter elión,
la fuente de la curación (aruká, de la
palabra arij).
El summun de la plegaria es el
arrepentimiento (teshuvá, “retorno a Di-s”),
que es el poder curador del alma. Toda dolencia o
enfermedad deriva de un estado espiritual de “carencia”
o “vacuidad”. En cabalá, la palabra “enfermo”
(jolé), cuyo valor numérico es 49,
indica que la persona enferma carece del portal
cincuenta del entendimiento (jamishim shaarei
biná). Por lo tanto, “curar” es “llenar”
o “completar” nuestra conciencia con ese
portal.
El poder en el alma de completar todos
los estados espirituales y físicos de vacuidad
deben derivar de un lugar de “saciedad”
consumada, un lugar en el alma donde existe todo
(lo que necesitamos), no falta nada. Este es el
nivel de keter elión, que al ingresar en
la conciencia se denomina quincuagésimo portal
de entendimiento. La aspiración conciente del
alma de alcanzar este nivel es el servicio
espiritual de teshuvá.
El corazón que verdaderamente entiende
es el que sabe y desea retornar a Di-s y así ser
curado. En las palabras de Isaías:
Y este corazón
entenderá,
Y retornará y será curado.
Hemos
estudiado en cabalá y jasidut que hay cuatro
niveles de carencia espiritual. Cada uno es el
resultado de que en el alma se encuentra
mancillada una de las cuatro letras del Nombre Havaiá.
Por medio de la teshuvá sincera atraemos
luz y energía curadora desde keter elión
para satisfacer todas las carencias, para
rectificar todos los defectos.
La carencia más elevada del alma es la
necesidad que tiene nuestra conciencia de estar
llena de la luz de los misterios de la Torá, esa
luz que resuelve todos los conflictos de la vida,
que responde todas las preguntas existenciales:
porqué estamos aquí, hacia dónde vamos, porqué
el Mashiaj aún no ha llegado.
Paradógicamente, en este caso, la mera
preocupación o “angustia” con respecto a las
preguntas existenciales de la vida es en si “teshuvá”
(“retorno” a Di-s) y nos hace un recipiente
para recibir la luz de los misterios de la Torá.
(De aquí que, aún más que en los siguiente
niveles de vacío espiritual, “[el mero]
apercibimiento de la enfermedad es [en si mismo]
la mitad de la curación”. En las palabras de
nuestros sabios:
“Los
misterios de la Torá son concedidos
sólo a aquel cuyo corazón se acongoja dentro de
si.”
Este nivel corresponde a la iud
del Nombre Havaiá, el de la sabiduría
Divina, la penetración dentro de los misterios
de la Torá. Aquí, en realidad uno no está “enfermo”
sino sólo “preocupado” o “ansioso”. (La
letra iud de Havaiá corresponde al
mundo de Atzilut, nunca “enfermo” pero
continuamente preocupado y ansioso por manifestar
todo su potencial Divino para revelar la infinita
luz de Di-s y los misterios de la Torá a toda la
realidad). La enfermedad real comienza en el
segundo nivel de carencia.
El más elevado estado espiritual al que
la Torá se refiere como “estar enfermo” es
“enfermo de amor”, y así se describe en el
Cantar de los Cantares:
Ayúdame con
copas de vino,
Revíveme con manzanas,
Porque estoy enfermo de amor.
Es la ansiedad por regresar a nuestro ser
amado, de quien nos hemos separado, enemistado y
ser uno con él. Esta es la experiencia del
exilio espiritual, el origen de las enfermedad,
como ya explicaremos.
Aquí, es el “yo” alejado —el “yo”
que ansía estar junto a “Ti” — quien está
enfermo. Este estado de enfermedad refleja el
mancillamiento espiritual de biná,
correspondiente a la primera hei del
Nombre Havaiá. Es aquí en particular
donde la persona enferma es la que carece del
portal cincuenta del entendimiento (biná),
asociado en cabalá con la experiencia consumada
del amor descripta en el Cantar de los Cantares:
¡Qué
hermoso y placentero eres, Oh amor de los
placeres!
Los dos primeros niveles de carencia
corresponden a las primeras dos letras del Nombre
de Di-s Havaiá, la iud y la
primera hei, conocidas en cabalá como “las
cosas ocultas [que] pertenecen a Di-s, nuestro Señor”.
Siempre conciente de la Divinidad, aquí uno
carece de la revelación Divina. Por el contrario,
los dos niveles siguientes de carencia
correspondientes a las dos letras finales del
Nombre de Di-s Havaiá, la vav y la
hei final, que son conocidos en cabalá
como “las cosas reveladas [que] pertenecen a
nosotros y a nuestros hijos”, son estados
de carencia de conciencia Divina propiamente
dicho. Como explicaremos ahora, proporcionalmente
al incremento de nuestras ansias por los placeres
mundanos, vamos perdiendo conciencia Divina.
En el plano
espiritual (las dos letras finales del Nombre de
Di-s Havaiá son relativamente físicas,
en contraste con las dos primeras que son
relativamente espirituales), hay dos estados de
dolencia o enfermedad; en las palabras de
nuestros sabios (términos pertinentes a muchas
leyes prácticas de la Torá): “una persona
enferma que no está en peligro de muerte”
y “una persona enferma que está en peligro
de muerte”. Estos dos estados aluden, en el
plano físico, a su contraparte espiritual o
moral:
“Una
persona que no está en peligro de muerte” es
la que tiene deseos de placeres mundanos que, en
principio, son permitidos de acuerdo con la Torá.
Aunque la Torá no nos prohibe participar de
estos placeres, el elemento de lujuria que está
involucrado en su búsqueda conciente aleja
nuestra mente y nuestro corazón de Di-s. Di-s
quiere que nosotros, Sus hijos, participemos de
todos los placeres que El ha creado en Su mundo
para nosotros (dentro de los parámetros
definidos por la Torá), pero también quiere que
seamos totalmente concientes de Su presencia en
todo y experimentemos (y expresemos) una sincera
gratitud hacia El por Su benevolencia. La lujuria
física deprime nuestro alma y la aleja de Di-s.
Mancha en especial a nivel de las emociones del
corazón (las seis midot desde jesed
hasta iesod), que corresponden a la vav
del Nombre Havaiá.
“Una
persona enferma que está en peligro de muerte”
es la que está ansiosa por los placeres mundanos
prohibidos por la Torá. Los mandamientos de la
Torá son como la prescripción de un doctor.
Aquello que la Torá prohibe es mortalmente
peligroso para el alma y el cuerpo. El peligro
mortal se encuentra a nivel de maljut (“reinado”;
está dicho de los reyes “y reinó y murió”),
que corresponde a la hei final del Nombre Havaiá,
de la que está dicho: “su pie desciende
dentro de la muerte”.
Con la teshuvá llenamos todas las
carencias y rectificamos las manchas de las
cuatro letras del Nombre Havaiá. Atraemos
luz y poder curador desde Arij, la corona
suprema. Así como retornamos a Di-s (para “curar”,
por así decirlo, las manchas que hemos causado
en Su Nombre Sagrado), también El retorna a
nosotros (para curar todas nuestras enfermedades
espirituales y físicas).
En resumen:
el
Nombre Havaiá
|
sefirá
|
categoría
|
experiencia
|
Kotzó shel
iud
|
Punta
superior de la iud
|
keter elión
|
“porque Yo
soy Di-s quien te cura”
|
paciencia
infinita
|
|
iud
|
jojmá
|
carencia de
percepción Divina
|
ansiedad
existencial
|
|
hei
|
biná
|
enfermedad de
amor
|
Sentimiento
de alejamiento de Di-s
|
|
vav
|
las seis midot
|
“una
persona enferma que noestá en peligro de
muerte”
|
lujuria
permisible
|
|
hei
|
maljut
|
“una
persona enferma que está en peligro de
muerte”
|
lujuria
prohibida
|
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