¿Cuál
es el rumbo que debe seguir nuestro activismo después de Guimel
Tamuz?
Nuestro ejemplo de activismo mesiánico
es el Rebe, que junto al fervor por traer la redención no dejó
nunca de involucrarse cada vez más activamente en los asuntos
mundanos.
Vio los cambios políticos, sociales y
económicos que tienen lugar en el mundo como signos de la
inminente era mesiánica. Vislumbró y predijo esos cambios y los
vio como algo bueno para la humanidad.
El Rebe puso énfasis en destacar la
interrelación e interdependencia intrínseca entre todos los
acontecimientos que ocurren en el mundo, acentuando el hecho de
que se relacionan completamente, tanto directa como
indirectamente y en todas partes del planeta, con el Pueblo
Judío y la Tierra de Israel.
Antes de Guimel Tamuz, el Rebe
dio los primeros tres pasos para cumplir con las palabras del
profeta:
"Yo, Dios, los he llamado
en rectitud, y los tomaré de la mano;
Los cuidaré y los convocaré
para que sean un pacto para los pueblos, una luz en las
naciones".
De acuerdo con los comentaristas, este
versículo se refiere al pueblo de Israel en la generación del
Mashíaj, llamando a Israel a traer la paz (el "pacto" de la
humanidad) a todos los pueblos sobre la tierra y a enseñarles a
todas las naciones la sabiduría ("luz") de la Torá, para que
puedan aprender a caminar en los caminos de Dios.
Así como Abraham el primer judío
propagó la luz de la presencia y la unicidad de Dios a todos los
pueblos del mundo en su generación, enseñándoles a ser buenos y
amarse unos a los otros, también el Mashíaj y las almas de
Israel en su generación enseñan a toda la humanidad a servir a
Dios unidos con respeto y alegría.
Está claro que para poder "unir" al
mundo, primero debemos estar "juntos" los judíos como pueblo.
Sólo así, unidos con amor mutuo ilimitado e incondicional yendo
juntos por el camino de la Torá, podemos influenciar
positivamente a los demás, tanto en el sentido material como en
el espiritual.
La tarea que nos fue asignada es la de
mostrar al mundo que "Moisés es verdad y su Torá es verdad". La
Torá de Moisés, la revelación de la voluntad y la sabiduría de
Dios (que forman una unidad con Él), es la fuente de toda
bendición y benevolencia Divina para toda la humanidad.
La nuestra es la generación y ahora es
el tiempo (especialmente después de Guimel Tamuz) de
traer la verdad de la Torá y su bendición al mundo.
Obviamente, el éxito de todo esto
depende de que propaguemos cada vez más los manantiales de las
enseñanzas del Mashíaj -según lo expresa el versículo "una
nueva Torá saldrá de Mi"- a un nivel muy superior y de
manera incomparablemente más amplia de lo que lo hicimos hasta
ahora.
Debemos llegar al nivel más elevado de
la conciencia mesiánica, el que se expresa en el versículo: "las
cosas ocultas son para Dios", el de la sabiduría oculta de la
dimensión interior de la Torá.
Para eso debemos despertar y poner a
trabajar los distintos niveles de nuestra alma-conciencia hasta
revelar la chispa de Mashíaj que llevamos dentro.
La chispa de Mashíaj que hay en
cada uno de nosotros, nuestra iejidá, es nuestra
capacidad de auto sacrificio. Mashíaj es la iejidá
colectiva del pueblo judío, el origen de esa capacidad de auto
sacrificio, que es el nivel más elevado del alma colectiva de
Israel.
Por otro lado, la actividad orientada
hacia el Mashíaj en el plano físico en general –los trabajos del
Mashíaj- corresponde al nefesh colectivo del pueblo
judío, que es el alma del rey David, como está explicado en los
escritos del Arizal, siendo el nivel inferior del alma colectiva
de Israel.
La conexión entre la iejidá
colectiva (Mashíaj) y el nefesh colectivo (el rey
David, progenitor del Mashíaj) se forja por medio de la Torá,
específicamente la Torá del Mashíaj.
La Torá corresponde al nivel de jaiá
del alma colectiva de Israel, que es el nivel de Adam previo al
pecado original, como lo explica el Arizal.