Cabalá y
Educación
Parte
41
La
Desventaja de la Severidad
En los capítulos anteriores aprendimos
acerca de la importancia de la comunicación
sincera, centrada en las necesidades del
estudiante. Otro principio de la comunicación
que debe gobernar las relaciones maestro-estudiante
es la ilusión de que la severidad en la
comunicación, tales como gritar o llevar a las lágrimas
al estudiante, es una técnica educativa ilegítima.
(Mientras que la
recompensa y el castigo tienen su lugar en la
educación y serán discutidos en extenso en el séptimo
y último prerequisito, sin embargo, una filosofía
educativa no debería institucionalizar o
glorificar la severidad como un medio de
comunicación. No hay aquí una contradicción.
La severidad como metodología empleada para
brindar enseñanza es un grave error, mientras
que la recompensa y el castigo pueden ser
utilizados según la necesidad de corregir la
comprensión y la internalización de dicha enseñanza.)
Los resultados
aparentemente dramáticos derivados de emplear
medidas severas se marchitan rápidamente,
mientras que el crecimiento inspirado por el amor
y la gentileza, perdura. A veces el maestro ve
que uno de sus estudiantes necesita un sacudón
para sacarlo de un sendero en particular. Aunque
esta evaluación puede ser verdadera, sin
embargo, el estímulo motivador (si se desea que
sea efectivo por largo tiempo) debe provenir del
interior del estudiante. El maestro, en su
impaciencia y entusiasmo, no debe sacudir al
estudiante, más bien debe permear su corazón
con gotas tras gotas de luz, amor y Torá.
Lentamente, esta infusión de luz creará una
disonancia interior que eventualmente erupcionará
en la forma de un sacudón interior, que impulsará
al estudiante a salir de ese camino.
Un maestro que
imagina que su angustia e impaciencia son en aras
del máximo bien del estudiante, está
racionalizando su propia falta de control. Su
rigor puede parecer forzar el crecimiento y el
aprendizaje, pero sus efectos son efímeros,
porque al final el estudiante retendrá poco,
sino nada, de los beneficios e incluso se podrá
volver tosco e insensible en el proceso. Tal
educador está realmente poniendo su propio
impulso de gratificación inmediata (esto es, su
necesidad de ver resultados y su propensión a la
liberación emocional) por sobre los intereses
educacionales de sus estudiantes. No tendrá éxito
en sus enseñanzas e incluso puede causar más daño
que beneficio.
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