Cabalá y
Educación
Parte 15
Abraham como
el Educador Modelo
De todas las personalidades de la Biblia,
Abraham es considerado el educador arquetípico
cuya vida es un modelo de los ideales de
inspiración e integración.
Para comenzar, Abraham personifica las
cualidades de iniciador, ya que reveló un nuevo
nivel de conciencia y, como resultado, se
convirtió en el progenitor de un nuevo “pueblo”,
los judíos. Es asociado con la plegaria de la mañana,
que es recitada en el momento del día en que es
más palpable la re-creación, el tiempo de una
luz nueva (el amanecer) y un nuevo estado de
conciencia (el despertar).
La primera aparición en la Torá de la
raíz gramatical de jinuj, que hemos
definido como iniciación/inspiración, es en
relación con actos que realizó Abraham, cuando
lideró una fuerza formada por sus educandos (janijav)
para rescatar a su sobrino Lot.
También es el epítome de integración,
que en hebreo hemos definido como hadrajá,
cuya raíz es la palabra derej, que
significa “camino”, usado en La Torá en
relación a Abraham en un contexto muy revelador.
Di-s explica por qué eligió a Abraham:
“Abraham se
volverá una nación grande y poderosa y por él
serán bendecidas todas las naciones del mundo.
Yo le di un presente especial porque instruyó a
sus hijos y a su familia en su camino, y guardará
el camino [derej] de Di-s haciendo caridad y
justicia.”
Di-s señala aquí que lo que distinguió
a Abraham de las otras almas era su compromiso y
capacidad para guiar a otros por los caminos de
Di-s.
Abraham es llamado por los sabios la “fortaleza
de ser” (eitan), porque él es la piedra
basal, fundamento del pueblo judío. Fue el
primero en reconocer la unidad de Di-s en el
nivel más profundo posible: no sólo que Di-s es
el Creador y nada existe sin que así sea Su
voluntad, no sólo que El es la Fuerza de Vida
que permea toda la creación, mantiene toda vida
y nada puede existir sin su aporte permanente de
energía, sino que, más aún, no hay nada aparte
de El y nada existe excepto El. (nuestra
experiencia sensorial de la “realidad” es una
ficción temporaria, que no tiene existencia real
o independiente en relación a Di-s.)
El Tania -la obra básica del
jasidismo Jabad escrita en el siglo 18 por rabi
Shneur Zalmen de Liadi- explica este último
nivel de unidad con la metáfora de la nulificación
de los rayos del sol en el propio cuerpo del sol.
En este fenómeno, podemos observar que la
existencia independiente de los rayos de luz es
posible sólo cuando están aparentemente
separados de su origen. Si siguieramos el rastro
hasta su origen, podríamos ver que en el punto
en que se “juntan” con el sol, estos dejan de
existir como entidades enteramente separadas y se
aniquilan completamente en el sol. Así es la
relación entre el universo y su Creador. Estas
palabras son difíciles de captar por la mente, y
mucho menos de entender por el corazón.
Sin embargo, este nivel de reconocimiento
de la unidad definitiva de Di-s es el potencial
de todo descendiente de Abraham.
Esta verdad fue imbuida en la creación,
esperando que alguien la capte y la exprese y
haga coinciente y sólido algo que sólo había
sido vago y tenue. Entonces vino Abraham. Su
conocimiento de Di-s era tan profundo que se
estructuró dentro de su propio ser y como tal,
se volvió parte de la herencia de cada uno de
sus descendientes. Este potencial de conocer y
experimentar los niveles más extremos de la
unicidad de Di-s es el legado de nuestro
patriarca, quien incorporó espiritualmente la
comprensión en las profundidades más materiales
de su ser, de forma tal que se tornaron una
realidad genética que puede ser transmitida por
medios biológicos. Abraham es llamado la “fortaleza
del ser” porque pudo adquirir una iluminación
que comenzó como algo vago e intangible y se
transformó en algo ligado e inseparable de la
realidad física concreta, una entidad real
llamada alma judía. Al hacer esto llevó a cabo
dentro de su ser la unificación definitiva de lo
espiritual con lo físico.
Es interesante notar a este respecto que
el pueblo judío es la única “entidad social”
a la que se puede ingresar desde ambas
direcciones, la física y la espiritual. Por el
lado físico, se es judío si es hijo de una
mujer judía, mientras que desde el plano
espiritual, el primer paso de la conversión al
judaísmo es reconocer las verdades espirituales
del judaísmo y querer dedicar la vida a la Torá.
Por eso el judaísmo es algo que representa una síntesis
completa de lo espiritual y lo material.
Este fortalecimiento del alma en el nivel
más profundo posible fue cristalizado a través
de la capacidad de Abraham de mantenerse firme
las diez veces que fue probado por Di-s. Esto
confiere al pueblo judío la capacidad de
soportar los momentos difíciles y abastecerse de
esta fuente de fortaleza en los momentos de
prueba y adversidad. Esta fuerza de Abraham está
presente en potencia dentro del alma de cada judío,
esa capacidad de resistir a las tribulaciones y
sobreponerse a ellas. Es como si una parte de
Abraham mismo estubiera presente.
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