Cabala
y Ciencia
La
Aproximación de la Cabala a la Física
La Teoría de
las Supercuerdas
La Cuerdas
La cabalá enseña que las diez
dimensiones de la realidad fueron creadas
inicialmente en potencia por medio de la
“contracción” de la luz infinita de Di-s,
resultando de esta manera la aparición de un “espacio
vacío” o “agujero negro” de existencia “potencial”.
En este “vacío” primordial entra un “rayo”
de luz Divina, conocido como la “línea” o
“cuerda”. La cuerda primordial “produce”
las diez manifestaciones de la realidad y continúa
emanando dentro de ellas los mundos de la creación.
La revelación
inicial dentro del vacío primordial es la de la
luz. Según las palabras del tercer versículo de
Bereshit (Génesis) (el primer “dicho”
explícito de la creación): “Y dijo Di-s ‘Sea
la luz’, y fue la luz”. Esta luz primordial
se refiere al rayo de luz Divino que permea el
vacío, la “cuerda” Divina.
En hebreo, el
valor numérico de la palabra jut, “cuerda”
es 23, que es el décimo número primo (comenzando
de 1). El valor de or, luz, es 207 = 9 x
23. Esto indica que cada “fotón” de la luz
primordial está compuesto de hecho de una cuerda
de 9 pliegues.
Se dice en cabala
que una de las funciones primarias de la cuerda
primordial es “medir”. Cada “unidad” de
medida es una cuerda individual y de cada una de
estas emanan una multitud de cuerdas que llenan
el espacio. Estas “cuerdas” se “pliegan y
despliegan”, “dividiéndose” en dos o “reuniéndose”
en una. Estas etapas son las que reflejan más
precisamente la imaginería y terminología de la
moderna teoría de las cuerdas.
El proceso de “plegado”
se asocia con el “mundo” inicial que incluye
el rayo de luz Divina conocido en cabalá como el
“hombre Primordial”. Este “proceso” de
división se asocia con el subsecuente “mundo
del caos” que ssepara y rompe. “El proceso de
“reunir” tiene que ver con el subsecuente “mundo
de la rectificación”.
En este mundo, los
pequeños segmentos de las cuerdas ya “reunidos”
dan origen a las “partículas” o “chispas”
propiamente dichas. Cada partícula es de hecho
una “entidad” “completa” o “rectificada”
que es capaz de reflejar la presencia de su
Creador.
El valor numérico
de la palabra nitzotz, “partícula” o
“chispa”, es 236. Este es el número que
nuestros sabios (en el Midrash) identifican como
la “medida” de la “entidad” Divina.
La “unión”
consumada de los dos conceptos de “cuerda” y
“partícula” está representada en cabalá
como el producto de sus valores numéricos 23 x
236 = 5428. Este es la suma de las cinco “interacciones
de números enteros” entre los números 6 y 4:
6 – 4 = 2
6 más 4 = 10
6 x 4 = 24
6 a la cuarta =
1296
4 a la sexta =
4096
2 más 10 más 24
más 1296 más 4096 = 5428. (El hecho de que cada
par (2) de números da origen a 5 “interacciones
de números enteros” refleja la representación
“Divinamente inspirada” del número 10 = 2 x
5).
En la Torá,
la mitzvá (“precepto”, que proviene
gramaticalmente de la raíz hebrea que significa
“conectar”) que se asocia explícitamente a
las “cuerdas” es la mitzvá de tzitzit.
Esta requiere que una vestimenta que tiene cuatro
esquinas tenga cuatro cuerdas adosadas a cada una
de ellas.
Las cuatro cuerdas
son dobladas en dos, produciendo el efecto de
ocho cuerdas que cuelgan de cada esquina. Estas
ocho cuerdas están atadas mediante cinco nudos
dobles: 2 x 5 = 10.
El propósito de
la mitzvá de tzitzit, establecido
explícitamente en la Torá, es
recordarnos las 613 mitzvot de la Torá.
Por este motivo se considera que esta mitzvá
equivale a las 613.
El “valor númerico
reducido” (cada letra con un valor entre 1 y 9)
de la palabra tzitzit, escrito según la
Torá es 23, el valor de la palabra “cuerda”.
De acuerdo con la
Torá, hay dos colores para los hilos de los tzitzit,
blanco y azul. En “valor numérico reducido”,
la palabra lavan (blanco) = 10 y tjelet
(azul) = 13, sumando juntos 23 (el valor de tzitzit
y de “cuerda”). Como 23 es el número primo décimo,
esto alude al hecho (explicado en cabalá y
reflejado en la naturaleza) de que el “azul”
de los tzitzit se origina y está incluido
en el “blanco”.
El valor número
completo de lavan (82) y tjelet (850)
es 932. Este es el valor numérico de la frase
“etz hada’at tov v’rá” (el Arbol
del Conocimiento del Bien y el Mal).
Los dos colores de
los tzitzit representan la posibilidad de
la cuerda de dividirse en dos y reunirse en una.
En hebreo, la palabra “uno”, ejad, está
compuesta por tres letras cuyos valores numéricos
son 1, 8 y 4 = 13. La forma “evolutiva” de
“uno” es: (1) más (1 más 8) más (1 más 8
más 4) = 23. Este fenómeno indica el poder
inherente en la cuerda ( = 23) de unificar la
realidad.
En la medida que
meditamos más profundamente sobre la multitud de
leyes y maneras exactas de atar las cuerdas del tzitzit,
podremos descubrir y clarificar con certeza
muchos de los más profundos secretos del
universo.
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