Cabala
y Ciencia
Ciencias
Naturales - Sefirá de Bináh - Biología y Cabalá
La
Fotosíntesis 
1.
Introducción
¿Qué se puede obtener
al tratar de armonizar la Toráh –la inteligencia Divina que
trasciende el intelecto humano- con los descubrimientos de la
ciencia?
Una respuesta
detallada a esta pregunta requiere un estudio por si mismo.
Identifiquemos aquí dos puntos centrales que serán desarrollados
en este artículo.
El primero concierne
a la contribución que puede hacer la ciencia al estudio de la
Toráh. En virtud de su trato con la realidad genuina y
observable (al estar basada en la experiencia), la ciencia
describe mecanismos y objetos que son captados naturalmente por
los sentidos humanos (y en consecuencia son comprendidos
claramente por la mente). Cuando tratamos de explicar algún
aspecto de la Toráh, especialmente los delicados y dificultosos
conceptos expresados en Torat hanefesh (literalmente, ‘La
Toráh del alma’, es decir la cabalá), estamos obligados a
utilizar analogías que nos ayuden a concretar el tema. Si existe
una correspondencia entre un concepto de la Toráh y un proceso o
conclusión al que se arribó a través de la ciencia, entonces
tenemos un poderoso instrumento de aplicación a nuestra
disposición. La abundancia de tales correspondencias, incluso
respecto a un concepto en particular de la Toráh, facilita la
demostración de este concepto.
A nosotros incumbe,
por cierto –como fue enseñado por el santo Baal Shem Tov-
extraer alguna clase de lección espiritual significativa de todo
con lo que nos topamos y experimentamos, incluyendo el
conocimiento científico que nos es revelado. Cada cualidad que
descubrimos en el mundo nos ayuda a clarificar cierta cualidad
correspondiente en nuestra alma, haciendo posible aprender de la
naturaleza las formas en que el hombre puede rectificarse a si
mismo.
El segundo punto se
refiere a destacar el efecto que tiene la sabiduría Divina de la
Toráh sobre el propósito del estudio científico (ver “La
sabiduría del Rey Salomón”, en preparación). Esto se debe
principalmente al hecho de que la realidad en general (y la
realidad de la naturaleza en particular) está basada en la
sabiduría de la Toráh, porque “el Santo, bendito sea, miró en la
Torá y creó el mundo”. (ver Zohar II, 161a). El máximo
paradigma para el mundo es el propio ser humano, como está dicho
en Kohelet (Eclesiastés 3:11): “… también Él puso el
mundo en su corazón”, describiendo al hombre como un
microcosmos. Di-s diseñó, al crear al hombre, la capacidad
humana para comprender el reino completo de la naturaleza a
través del uso de aquellos conceptos y arquetipos embebidos en
su propio ser conciente y supraconciente.
Este ensayo se
centrará más directamente en el primer punto mencionado antes.
Pero de todas maneras, es nuestro deseo que la identificación de
algunas de las correspondencias que existen entre los modelos
científicos y los de la Torá (ver “métodos de Toráh y Ciencia”)
inspire a los científicos a explorar la posibilidad de utilizar
la Toráh para diseñar o fraguar nuevas direcciones en su trabajo
científico. A medida que esas exploraciones abran nuevos
horizontes, el enriquecimiento de los modelos científicos
contemporáneos con aquellos hallados en la Toráh expandirán de
manera esperanzadora los horizontes de la investigación y
ayudarán a los científicos a construir más teorías
multidimensionales y complicadas, capaces de explicar el amplio
espectro de los fenómenos.
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