Cabala
y Ciencia
Ciencias
Naturales - Sefirá de Bináh
Astronomía y
Cabalá 
10.
Dos Clases de
Tzadikim
La
disputa continua entre Dios y el verdadero tzadik es sobre
cosas que aparentan ser malas en nuestras vidas, pero desde
el punto de vista de Dios son en realidad para nuestro
propio bien, porque todo lo que hace Dios es para bien.
Desde la perspectiva de Dios incluso un intenso sufrimiento
que se nos inflige es siempre para mejor, aunque no
lleguemos a experimentar esa bondad.
Cuando el tzadik ha
alcanzado el nivel de conocimiento absoluto, habiendo
anulado completamente sus tendencias egocéntricas (la etapa
de sumisión, correspondiente a la iniciación del
heliocentrismo que niega completamente al geocentrismo),
ahora es conciente en cierta medida de los motivos ocultos
de Dios (separación, viendo la Tierra tanto desde la
perspectiva del sol como desde la tierra), o al menos se da
cuenta de que todo sufrimiento es para lo mejor, aunque no
sepa cómo.
Sin embargo, el
verdadero tzadik no desea permanecer en esta etapa de
desarrollo y no desea aceptar semejante aflicción. En lugar
de eso se para ante Dios como representante del pueblo judío
en el exilio y le implora que ponga fin a sus sufrimientos,
demostrando su preocupación por el bienestar físico del
pueblo.
Es entonces cuando
Dios le concede al tzadik el poder de retornar a la
perspectiva terrestre, egocéntrica y controlar a Dios,
haciendo que El gire alrededor de la Tierra, dulcificando
Sus decretos, este es el más grande placer de Dios. Esta es
la diferencia entre Noé y Abraham. Noé no se desarrolló
hasta el estado en que hubiera rezado por anular el decreto.
Más bien aceptó que si Dios quiso destruir el mundo con un
diluvio, entonces debe ser para bien, por eso simplemente
dejó que pase, sin rezar por su generación. Este es el
motivo de que no haya sido elegido para ser el fundador de
la nación judía.
Abraham fue el primer judío porque no sólo
trascendió su status primario egocéntrico de tener una fe
completa en Dios; permaneció suficientemente humano como
para preocuparse por el bienestar de sus contemporáneos,
como Dios mismo lo desea. Sin embargo el tzadik no siempre
gana, a pesar de lo mucho que trate, porque si ese fuera el
caso la redención ya hubiera llegado hace mucho.
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