Dado que todo depende de la manera
en que los tzadikim sirven a Dios, podemos aumentar nuestro
entendimiento utilizando esta idea como parábola. Si uno
percibe el mundo como si Dios estuviera girando alrededor
suyo, por decirlo así, esto es idolatrarse a si mismo, como
si nuestro ego hubiera inventado a Di-s.
El
alma animal, presente en judíos y no judíos, es la
conciencia egocéntrica e inferior del hombre que llamamos
mudaut atzmit, conciencia de si mismo, el pensamiento de
que yo soy el centro y todo lo demás gira a mi alrededor,
viendo todo como un reflejo de mi propia imagen
"imaginaria". Debemos salir de esa perspectiva, llevando a
nuestro ego a un estado de total sumisión y darnos cuenta de
que no somos mas que meros sirvientes orbitando alrededor de
nuestro Maestro, atentos a cada uno de Sus deseos,
considerando nuestras necesidades totalmente
insignificantes.
Una
de las misiones de nuestra existencia sobre "el planeta de
seres concientes" es trascender esa perspectiva de
experimentar el sol moviéndose alrededor de la Tierra o de
Dios existiendo para servir a nuestras necesidades, para
alcanzar un estado de mudaut Elokit, "conciencia
Divina", en la cual estamos constantemente concientes de la
presencia del Creador, creando un nuevo universo ex-nihilo.
Esta etapa es un proceso continuo de separación mediante el
cual llegamos a la conclusión de que en realidad somos nada
y que Dios, el verdadero Algo, está recreando la ilusión de
nuestra existencia a cada momento.
Un
verdadero tzadik alcanza el estado de dulcificación; la
tercera etapa en la cual Dios le concede un cierto grado de
poder sobre Dios Mismo. En el Talmud se explica que un
verdadero sirviente de Dios tiene el poder de anular los
propios decretos de Dios y que también tiene el poder de
dictaminar un decreto y que Dios lo cumpla. El placer más
grande de Dios es cuando sus hijos lo vencen en su propio
juego, como si fuera, y El ríe y dice: "Mis hijos me han
ganado!" Pero sólo un verdadero hijo de Dios, un verdadero
tzadik puede alcanzar este nivel.
Después de haber alcanzado el nivel en el cual Dios es algo
obvio, bipshitut, y él es una novedad,
behitjadshut, cuestionándose constantemente su propia
existencia, entonces al tzadik se le brinda milagrosamente
el poder de triunfar sobre Dios. Este estado final es
llamado mudaut tivit, "conciencia natural", que es un
estado donde se vive la Divinidad, viviendo como una parte
de Dios, permitiéndole a esa parte del alma -que es una
verdadera parte de Dios- dirigir nuestras vidas, como lo
declara el versículo: "He dicho que ustedes son Dios, y
todos ustedes son hijos del Supremo". En esta etapa somos
capaces de controlar los decretos de Dios o de decretar
nosotros mismos, de una manera natural.