De acuerdo con nuestro nuevo
modelo, el Sol está en el lugar de keter, la "corona"
supra conciente; Mercurio representa a jojmá,
sabiduría y Venus es biná, entendimiento. Esto nos
trae entonces a nuestro planeta Tierra. A pesar de que la
sefirá que viene luego de biná es daat, como
dice el Sefer Ietzirá: 10 y no 9, 10 y no 11, al
incluir keter en el esquema de las diez sefirot
daat usualmente no se incluye, por lo que a continuación
viene jesed, bondad.
En
nuestro caso, como hay 10 cuerpos celestes incluyendo al
sol, podríamos esperar que la Tierra esté en la posición de
jesed. Esto concuerda con el versículo de los Salmos:
"Una palabra de bondad será construida". De todas maneras,
hay un tercer poder que sirve como puente entre la mente y
el corazón,: daat, la conciencia propiamente dicha.
Entonces de acuerdo con este modelo, el planeta Tierra al
ser el tercero que gira alrededor del sol posee dos
aspectos.
Para apoyar esta idea encontramos que en hebreo hay dos
sinónimos para el planeta en que vivimos, aparecen en el
mismo versículo del Salmo 24, "Para Dios es la tierra (haaretz)
y lo que la llena, el planeta terrestre (tevel) y lo
que lo habita". Siempre que hay dos palabras en hebreo para
el mismo concepto, se aprende que cada una de ellas posee su
específica connotación o significado propio. En este caso,
haaretz se refiere al planeta físico Tierra, mientras
que la segunda palabra, tevel, se refiere
específicamente al planeta habitado por seres inteligentes.
Similarmente, encontramos que en el Zohar se
mencionan dos opiniones de por qué Dios creó el mundo. La
primera para que haya seres inteligentes que sean capaces de
ser concientes de la existencia de Dios. La otra razón que
se menciona es para expresar Su bondad y amor con la
creación de seres que son capaces de emular Su amorosa
benevolencia hacia el otro y hacia todas las criaturas sobre
la Tierra.
Esto significa que tenemos dos misiones básicas que llevar a
cabo sobre este planeta:
1.
Ser concientes de Di-s y
2.
Emular Su amorosa benevolencia hacia toda la humanidad, los
animales y toda la creación.
En
nuestro presente análisis del sistema solar, estas dos
cualidades se manifiestan en la posición de la Tierra como
tercer planeta que gira alrededor del Sol, keter,
ubicando a la Tierra tanto en la posición de daat,
correspondiente a la capacidad humana de ser conciente de
Di-s, o de jesed, correspondiente a la capacidad
humana de emular y manifestar el poder de benevolencia de
Dios.
El
rojo planeta Marte concuerda claramente con el atributo de
guevurá, poder o juicio severo. Marte es el punto de
contacto entre el modelo antiguo y el nuevo, ya que según
ambas opiniones concuerda con la misma sefirá. Sin
embargo en el presente análisis es mucho más clara esta
correspondencia por su posición directamente posterior a
jesed.
A
continuación sigue Júpiter, tzedek en hebreo, que
significa justicia. La ciencia sabe actualmente que si
hubiera sido un poco más grande hubiera tenida suficiente
masa para ser una luminaria por si misma. En cabalá, una de
las formas de dividir las sefirot es separarlas en
dos grupos de cinco cada uno, donde los cinco primeros se
corresponden con los cinco últimos. En este modelo podemos
ver definitivamente cómo esta cualidad de Júpiter de ser
casi un sol se adapta a esta división, al ser el primero del
segundo grupo, mientras que el sol es el primero del primer
grupo.
Saturno corresponde a netzaj, victoria, quedando los
tres nuevos planetas, Urano, Neptuno y Plutón, que
corresponden entonces respectivamente a hod, iesod
y maljut.