El novedoso descubrimiento de
Copérnico no sólo invirtió la perspectiva humana respecto al
sistema solar, también preparó el camino para el
descubrimiento de nuevos planetas. En los tiempos antiguos
se consideraba que en los cielos se encontraban en
movimiento siete cuerpos celestes, rotando alrededor de la
tierra estática, el sol, la luna y los cinco planetas
visibles Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Los tres
planetas que fueron descubiertos en los últimos tres siglos,
Urano, Neptuno y Plutón, son invisibles al ojo desnudo.
Ahora, cada fenómeno en el mundo, ya sea de tipo
psicológico, físico, celestial o en el cosmos, el
microcosmos o cualquier otro sistema natural, posee un
modelo cabalístico correspondiente a un marco de referencia
cabalístico muy básico, el más importante de los cuales es
el de las diez sefirot, los diez canales de la creación.
Estas diez sefirot son también los diez poderes del alma:
tres poderes intelectuales y siete emotivos.
Como tales, los siete cuerpos celestiales móviles y visibles
eran identificados con ciertas sefirot. La cabalá aceptó
esta perspectiva y basó sus enseñanzas en ella, como dijo el
Ruzhiner, esa era la forma de servir a Di-s de los tzadikim
según su conciencia en aquella época, por lo que se
determinó un modelo muy definido de la correspondencia entre
los planetas y las sefirot. Siete es un número muy
importante, como ya hemos dicho que "todos los séptimos son
queridos", y Dios creó el mundo de tal manera que percibamos
siete cuerpos moviéndose en el cielo y que corresponden en
una relación uno a uno con los siete diferentes poderes del
alma.
Ahora, los astrónomos modernos han alcanzado una visión
diferente del sistema solar y no existe ninguna dificultad
en representar esta nueva perspectiva según los términos que
se adecuen a ellos. Si ahora los tzadikim sirven a Dios de
tal manera que hay nueve o incluso diez poderes involucrados
en su servicio, entonces el sistema solar completo es visto
de una manera diferente y este cambio necesita delinear un
nuevo modelo que lo explique.
Si
los científicos llegan a descubrir que en realidad todo el
universo está al revés, patas para arriba, entonces esto
puede ser explicado o descrito por algún otro modelo
cabalístico. Por lo tanto, la dimensión interior de la Torá
no tiene ningún conflicto con los descubrimientos
científicos de ninguna generación.
Pondremos énfasis una vez más en el punto más importante de
este artículo: los cambios en la percepción y el
entendimiento humano del universo depende de nuestro
servicio al Todopoderoso y una vez que estos cambios afectan
nuestra perspectiva del universo, es meramente una cuestión
de encontrar el modelo cabalístico correcto para describir
el sistema en consideración.
En
nuestro caso, la adición de tres nuevos planetas y la
innovación de un sistema solar heliocéntrico realmente
mejora el modelo anterior de siete, ya que ahora en el
modelo están incluidas las diez sefirot.
Mientras que las matemáticas de Ptolomeo de la forma en que
el sol y los planetas giraban juntos alrededor de la tierra
eran tremendamente complejas, utilizando ciclos y semiciclos
para describir el movimiento de una manera muy complicada,
el enunciado de Einstein, E=mc2,
es una ecuación simple signo del verdadero genio, el cual es
reconocido por su simplicidad.
Ser
genio es ser capaz de concebir y expresar conceptos
verdaderos y profundos a través enunciados simples. Pero de
todas maneras Keats (poeta inglés) no fue el primero en
proclamar que la verdad y la belleza son cosas recíprocas,
porque en el Zohar leemos que la sefirá de tiferet,
"belleza", es el atributo del patriarca Iacov, de quien está
dicho: "Da verdad a Iacov", por eso cuando vemos algo tan
bellamente simple como el hecho de que la tierra gira
alrededor del sol, sabemos que eso debe estar de alguna
manera más cercano a la verdad que una ilustración más
compleja de la misma idea. Similarmente, el descubrimiento
de tres planetas nuevos crea un nuevo y más bello modelo del
universo que es por lejos más simple que el anterior.