Hasta Copérnico, como hemos mencionado, no
había disputa entre la Torá y la ciencia acerca de qué
giraba alrededor de qué. De acuerdo con el Santo Ruzhiner
debió haber algún cambio en la forma en que los tzadikim de
la época de Copérnico servían a Di-s que afectó la manera en
que la ciencia percibió el universo.
Como ya comenzamos a bosquejar en este
artículo la Torá también tiene dos aspectos diferentes:
nigle, el nivel revelado de la Torá y nistar el
nivel oculto. Nigle es daat tajtón, la
perspectiva inferior de la Torá que incluye la Biblia y
todos sus comentarios, el Talmud y las leyes prácticas
generales de la Torá, mientras que nistar es daat
elión, la perspectiva superior de la Torá que incluye la
cabalá y las enseñanzas más esotéricas del misticismo judío.
A través de su servicio a Di-s, los tzadikim
que estudian diligentemente los más altos aspectos de la
Torá logran elevarse por sobre la perspectiva baja y
egocéntrica de la realidad y comienzan a ver cómo Di-s
percibe el mundo. Este tipo de servicio comenzó a ser
accesible al público en general sólo en el tiempo del
Arizal, y más aún más adelante en los tiempos del Baal Shem
Tov.
El Arizal, rabi Isaac Luria, fue el líder de
la Torá más sobresaliente que vivió en la época de Copérnico.
Hasta ese momento, el estudio de las sagradas escrituras de
la Cabalá estaba prohibido excepto para unos pocos elegidos.
La cabalá siempre existió, y aquellos que estudiaban nigle,
a pesar de que no estudiaban cabalá, eran bien concientes de
su existencia, pero estaba prohibido exponer las enseñanzas
del misticismo judío, la dimensión interior de la Torá.
Pero fue entonces cuando el Arizal recibió
permiso de lo Alto para difundir la enseñanzas de la cabalá
y agregó que era un mandamiento positivo hacerlo, siempre y
cuando el estudiante cumpla con ciertas condiciones. Más
tarde, el Baal Shem Tov liberó el estudio de la dimensión
interior de la Torá al público en general, con el objetivo
de iluminar el mundo con su profundo espíritu interior y así
acelerar la redención.
Comenzamos a ver así cómo la innovación
científica de Copérnico coincidió con la apertura de nuevos
horizontes ofrecidos por el Arizal. El hecho de que este
nuevo descubrimiento no se volviera público hasta más de una
centuria después, puede ser visto como para que coincida con
el Baal Shem Tov, quien vivió en esa época y quitó más
restricciones aún para el estudio de la cabalá, el encuentro
real entre los dos se volvió claro en la anécdota acerca del
Santo Ruzhiner, quien fue el bisnieto del sucesor y
discípulo principal del Baal Shem Tov, el Maguid de
Mezeritch.
Para resumir estas etapas, diremos que el sol
es un símbolo de la Divinidad, algo estático e inalterable,
mientras que la tierra representa una conciencia de cambio,
una adaptación constante a una determinada realidad absoluta
y a una verdad absoluta.
Aunque nuestros sentidos humanos perciben a
la tierra como una entidad estática y al sol girando
alrededor de la tierra, la física moderna, comenzando con
Copérnico, viene a enseñarnos que en realidad el hombre no
es el centro del universo. Contrariamente a la tendencia
geocéntrico-egocéntrica de la humanidad, incluso de acuerdo
a la primera versión de la teoría de la relatividad
restringida de Einstein, continuaba siendo imposible probar
o escribir ecuaciones de acuerdo al sol girando alrededor de
la tierra, y por cierto es infinitamente más simple
describir un mundo donde el sol sea el centro del universo.
Ahora, si Di-s hubiera creado al hombre de
tal manera que sólo pudiera experimentar el mundo como
heliocéntrico, entonces habría alguna legitimidad para daat
tajtón. Esta legitimidad se manifiesta
científicamente en la segunda teoría de Einstein, la teoría
general de la relatividad, que prueba que es imposible
representar a la tierra o el sol como centros absolutos del
universo.