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Adelanto del próximo libro de Gal Einai

Meditación para las Naciones del Mundo

Unidos En Hashem Capítulo 6

Acerca del Templo Sagrado de Ierushalaim, Hashem prometió: “Mi casa será una casa de plegaria para todas las naciones”. 1 Los Bnei Noaj deben orar a Hashem para que el Templo sea reconstruido rápidamente en nuestros días y alentar al pueblo judío para que también lo haga.

Historia del Templo

El lugar del Templo, llamado Har Habait , “el Monte del Templo”, es el lugar más sagrado de la tierra. De acuerdo con la tradición, Adam, el primer hombre, fue creado con la tierra de ese lugar. Fue allí donde Noaj construyó un altar al salir del arca, 2 adonde Abraham trajo a su hijo en ofrenda a Hashem 3 y donde Iaakov se durmió y soñó con una escalera que llegaba al cielo. 4

La sacralidad de este lugar único fue revelada por el rey David, quien trajo allí una ofrenda a Hashem y recibió un fuego celestial por respuesta. 5 Luego compró este lugar a los Iebusitas y desde entonces el Monte del Templo ha sido la posesión eterna del pueblo judío. 6

En el año 832 antes de la era común, el rey Shlomó su hijo ( Salomón) construyó el Templo Sagrado en ese lugar para rendir culto a Hashem, arbitrar Su ley y para plegaria. El hijo de David dijo lo siguiente:

Toda plegaria o súplica hecha por cada judío o por todo Tu pueblo de Israel, cada uno de ellos conoce la aflicción de su corazón y extiende sus manos hacia esta casa…. Y más todavía respecto al extranjero que no pertenece a Tu pueblo Israel, cuando viene de un país lejano en aras de Tu Nombre…. Cuando llega y reza hacia Tu casa, escucha desde Tu morada en el cielo y haz de acuerdo con todo lo que el extranjero te pida. 7

Esta casa es el lugar donde Hashem eligió para reposo de Su Presencia Divina y su manifestación, como dice el libro de los Salmos: “Porque Hashem eligió a Tzión, Él lo deseó para residir en él” . 8

El Templo que construyó Salomón estuvo en pie durante 410 años, hasta su destrucción por parte de los Babilonios. Durante los setenta años de exilio que siguieron, el pueblo judío mantuvo su fe y devoción por ese sitio.

Sentados en los ríos de Babilonia juraron: “ Si te olvidare, Ierushalaim, que mi mano derecha pierda su destreza ….” 9 Al finalizar el exilio decretado Divinamente, el pueblo judío regresó a la Tierra de Israel, a Ierushalaim, y construyó el Templo por segunda vez.

Alrededor de 200 años después de la construcción del segundo Templo la Tierra de Israel fue conquistada por los griegos, quienes tomaron control del Templo y de los sacerdotes que servían allí; profanaron el Kodesh HaKodashim (el Sagrado de los Sagrados), la cámara más interior del Templo y pusieron un ídolo en el patio de la Casa de Hashem.

La intención de los conquistadores de impedir la observancia de las leyes de la Torá y de los servicios del Templo perturbó enormemente al pueblo, provocando una rebelión liderada por el sumo sacerdote Matitiahu (Matatías) y su hijo, Iehudá el Macabeo, de la familia de los Jashmonaim (Asmoneos), contra el imperio helénico.

La victoria de estos valientes sobre los griegos y el milagro que tuvo lugar en esa época –cuando la menorá , el candelabro del Templo sagrado, permaneció encendida durante ocho días con la única vasija de aceite de oliva puro que pudo ser encontrada, suficiente sólo para un sólo día- son conmemorados en la festividad de Janucá. Hasta nuestros días, los judíos celebran Janucá encendiendo candelas en sus casas durante ocho días.

Algunos siglos más tarde la tierra fue conquistada una vez más, esta vez por los Romanos, cuyo régimen opresivo provocó nuevamente una rebelión nacional, que fue frustrada, destruyendo los romanos el Segundo Templo, eliminando así el corazón viviente del servicio a Hashem.

Con la destrucción del Templo, hace unos 2.000 años, el pueblo judío fue exiliado nuevamente de la Tierra de Israel y dispersado entre las naciones.

El Noveno Día de Av

Desde entonces, la Tierra de Israel cambió de manos muchas veces, aunque un pequeño número de judíos siempre mantuvo su residencia allí a través de las generaciones. El noveno día del mes hebreo de Av , día en que ambos Templos fueron destruidos, fue señalado como un día especial de duelo.

Los judíos de todo el mundo conmemoran esos sucesos ayunando durante un día completo (desde antes de la puesta del sol de la víspera, hasta la salida de las estrellas al finalizar el día 9 de Av), sentándose en el suelo, llorando y recitando el Libro de Lamentaciones, el poema de duelo del profeta Irmiahu (Jeremías) por la destrucción del Templo, que contiene entre otras estas palabras:

Recuerda, Oh Hashem, lo que vino sobre nosotros; observa y ve nuestro oprobio. Nuestra herencia pasó a manos de extranjeros, nuestras casas a forasteros….

La corona de nuestras cabezas ha caído;

e infortunio sobre nosotros por lo que hemos pecado.

Por esto nuestro corazón está desfalleciendo,

por estas cosas nuestros ojos se opacaron:

por el monte de Tzión, que está desolado,

los zorros corretean sobre él. 10

Este profundo lamento concluye con una plegaria de esperanza:

Regrésanos, Oh Hashem, a Ti y retornaremos:

Renueva nuestros días como antaño.

La Reconstrucción del Templo y la Paz Mundial

Los profetas de Israel, vislumbrando la redención futura de Israel con la llegada del Mashíaj, afirmaron que el Sagrado Templo será reconstruido una vez más. Estas profecías Divinas instilan en el pueblo judío el anhelo, la fe y la confianza de que Israel está destinado a retornar a su gloria pasada.

La fe en la redención, para Israel y el mundo todo, es por cierto uno de los signos más importantes de la cultura judía, pasando de generación en generación como una antorcha encendida. Incluso en nuestros días, en el período siguiente a la destrucción del Templo, los judíos, sin importar en qué parte del mundo se encuentran, se paran a rezar de cara a la Tierra de Israel, hacia Ierushalaim, y más específicamente hacia el Har Habait , el Monte del Templo, implorando a Hashem que reconstruya muy pronto el Templo Sagrado.

No está lejano el día en que Hashem aceptará nuestras plegarias y lágrimas. En las generaciones recientes nos fue concedido presenciar la acción de la Divina Providencia y ser parte del comienzo del retorno: el pueblo judío vuelve a su patria y a Ierushalaim, la ciudad sagrada. Así también mereceremos muy pronto la llegada del verdadero Mashíaj y la reconstrucción de la Casa de Hashem, en cuyo interior la Presencia Divina residirá por siempre.

El Mashíaj traerá la palabra de Hashem a todas las naciones de la tierra. La luz Divina y la verdad inherente a sus enseñanzas iluminarán a toda la humanidad y provocarán la paz y la bendición universal. Entonces, todas las naciones ascenderán al Templo para servir al Elokim de Israel y contemplar Su Divino esplendor. Esto ha sido profetizado por el profeta Ishaiahu:

… de Tzión saldrá la Torá,

y la palabra de Hashem de Ierushlaim.

Y Él juzgará entre los pueblos

y amonestará a muchas naciones.

Y fundirán sus espadas en arados,

y sus lanzas en azadas.

Ninguna nación alzará su espada contra otra,

Y no aprenderán más a guerrear. 11

De estas palabras es evidente que la semilla de la paz universal encuentra un terreno fértil en la aspiración de todas las naciones de la tierra de servir al Elokim de Israel, en Su Templo, en Ierushalaim.

De acuerdo con la ley de la Torá, que se dirige a judíos como a no judíos, la sacralidad del Templo –derivada de la presencia eterna de Hashem en ese sitio- permanece también cuando el Templo está en ruinas y potencias extranjeras controlan el Monte. Esta sacralidad nos obliga a referirnos a ese lugar con suprema reverencia, incluso en nuestros días.

El pueblo judío, junto con los justos gentiles de todo el mundo, esperan ansiosamente la revelación del Mashíaj y el retorno de la Divina Presencia en toda su majestuosidad a su maravilloso lugar, reconociendo la sacralidad de lo que hubo una vez allí, sacralidad que continúa estando oculta allí como un corazón de fuego encendido dentro de lo que parecerían cenizas apagadas.

Con una sincera plegaria de corazón los seres humanos justos pueden imaginarse, con el ojo interior de sus almas, dentro del Templo Sagrado de Ierushalaim. El Baal Shem Tov enseñó que la persona se realmente encuentra donde está su deseo y su pensamiento. 12 Desde este sagrado lugar vislumbramos al Todopoderoso trayendo la redención al mundo entero. De esta manera, nuestras plegarias se unirán a los ruegos y anhelos de todas las generaciones de Israel y mereceremos abundante bendición desde el cielo.

 

1. Ishaiahu 56:7.

2. Maimónides, Hiljot Beit Habejiráh 2:2

3. Génesis 22:4, 14; 2 Crónicas 3:1.

4. Génesis 28: 12-22.

5. 1 Crónicas 21:26.

6. 2 Samuel 24:16-25; 1 Crónicas 21:15:30, 22:1-19.

7. 1 Reyes 8:38-43.

8. Salmos 132:13.

9. Íbid. 137:5.

10. Lamentaciones 5:12-2,16-18.

11. Ishaiahu 2:3-4.

12. Keter Shem Tov , 56. Además, el Jasidut ve el símbolo del arca de Noaj como la mejor imagen utópica de un mundo de paz y prosperidad. Dentro del arca había una atmósfera de paz y armonía en algunos aspectos mayor incluso que la alcanzada en el Templo Sagrado.

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