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Meditación para las
Naciones del Mundo
Principios de Fe para los No
Judíos
Capitulo 3:
El
Sendero Espiritual del Noájico
(parte 5)
VICTORIA
Confianza - El
Compromiso para la Auto Transformación
La confianza, que es la
dimensión y la experiencia interior de la sefirá de victoria, se
origina a partir de la seguridad de que todo lo que la
Providencia Divina ocasiona en este mundo es para bien. En
verdad todo es bueno, pero no todas las bondades de Dios son
visibles a nuestros ojos, algunas están escondidas tras un
disfraz de maldad. Pero este atuendo es temporario y cuando
tarde o temprano es removido se revela la semilla de bondad y se
vuelve claro que incluso la apariencia provisoria de mal era en
aras de un bien eterno. Por eso podemos decir que en esencia
todo es bien, porque todo viene de Dios que es la esencia de la
bondad, pero a nuestros ojos todo es, al menos para bien.
La confianza se hace evidente
también en la seguridad de que Dios siempre está conmigo, a mi
lado para ayudarme a sobreponerme a los obstáculos de la vida y
dándome el poder y los recursos necesarios para lograr los
objetivos de la vida. Entonces, confiando y teniendo seguridad
sólo en Dios uno adquiere un estado rectificado de seguridad en
si mismo.
La adoración de ídolos, que se
traduce en una dependencia de todo lo que no sea el Dios Único,
socava nuestra confianza en Dios, en que todo proviene de Dios y
que todo es bueno. Confiar en que todo es bueno, incluso frente
a la maldad, representa la victoria definitiva sobre la propia
maldad y el portal hacia la eternidad. Por eso la prohibición
contra la idolatría es una salvaguarda contra la perversión de
la sefirá de victoria y su dimensión interior, la confianza. La
confianza en el bien esencial del Todopoderoso nos lleva a creer
en el poder de la auto transformación.
Por este motivo, el compromiso
con la lucha constante contra nuestra mala inclinación para
experimentar un proceso de transformación constituye el cuarto
principio del servicio y meditación Divina para los Bnei
Noaj.
Al servir a Dios, la máxima
victoria en el alma humana es el triunfo de nuestra buena
inclinación contra la mala. En la medida en que uno es
victorioso en esta batalla espiritual, amerita una metamorfosis
del ser, cosa que no permite la idolatría por ser determinista
en esencia. (39)
A pesar de que la Torá no
sugiere que todos los no judíos se conviertan al judaísmo, sí
requiere que lleven a cabo un tipo de semi conversión ( 40) para
poder ser justos gentiles. Durante este proceso, el no judío
acepta sobre si mismo las siete leyes noájicas como fueron
entregadas a toda la humanidad en la Torá, reconociendo entonces
su autoridad en sus vidas. De esta manera se transforman y
adquieren un mayor nivel de libre albedrío del que tenían antes.
Una vez que llevan a cabo esto
son vistos de una manera más especial en la ley judía. Por
cierto, la Torá atribuye suma importancia a los justos gentiles,
ordenándole al pueblo judío no sólo aceptarlos como residentes
extranjeros legales (guerim toshavim) en la Tierra de
Israel, sino también ocuparse de su bienestar. (41)
Como dijimos, la dimensión
interior de victoria –la confianza en Dios- produce un sentido
de seguridad en si mismo nacida de la comprensión de que Dios
provee continuamente a cada individuo con los recursos
espirituales necesarios para rectificar su conducta y rasgos de
carácter y así transformarse en un ser verdaderamente nuevo.
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CONTINUACIÓN DE LA SEMANA
ANTERIOR
Victoria Es la extensión de la
bondad sobre el eje derecho del Árbol de la Vida. En el Servicio
Divino, la bondad corresponde a la conciencia de la recreación
continua, como ya se dijo. La victoria y la auto transformación
se hacen posibles al sentir que así como Dios recrea al mundo a
cada momento, también cada ser humano puede rectificarse y
transformarse constantemente, nunca es tarde y todo es posible.
Dios le da a cada persona el poder de recrearse a si mismo.
La creación es un acto ex
nihilo del Creador. En hebreo "algo de la nada" es llamado
iesh meain. Para poder ser recreado uno primero debe
regresar a un estado de nulidad, ain, del cual pueda
emerger un nuevo estado de algo, iesh.
Utilizando la imaginería del
jasidismo, después que la semilla que cae de su forma previa de
vida se pudre en la tierra, entonces puede germinar una nueva
forma de vida de la tierra. El potencial para una nueva vida
estaba presente desde antes, pero el ser debe retornar a la nada
para que surja lo nuevo.
Las grandes almas como Moshé y
el Baal Shem Tov, son aquellos tzadikim que experimentaron una
recreación, una metamorfosis en cada momento de sus vidas.
Entonces se transformaron en conductos para traer el poder
creador Divino al mundo y crear cosas nuevas, incluso en la
dimensión externa de la realidad. Moshé, el alma arquetípica de
la sefirá de victoria, creó una "boca" para que la tierra
se trague a Koraj y su congregación. El Baal Shem Tov
solía encender una estalactita de hielo como una lámpara, cuando
necesitaba sumergirse por la noche en un río helado, y aunque no
podemos compararnos con esas dos luminarias de Israel, podemos y
debemos recibir inspiración de ellos y saber que también
nosotros podemos transformarnos (junto con los aspectos de la
vida necesarios para nuestro servicio a Dios) en seres nuevos.
Victoria viene a continuación
de los tres atributos emotivos que le preceden, amor,
temor/miedo y misericordia. Al vivir el amor de Dios uno se
vuelve hacia Él con temor (la señal del libre albedrío
manifiesto) y comienza a reconocer Su misericordia. El milagro
más grande que Dios concedió a la humanidad es el don del
potencial de transformarse en un verdadero nuevo ser, el
atributo de victoria.
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Como se puede notar, aquí
también los no judíos toman su iniciativa a partir de los
judíos, la nación de sacerdotes (y especialmente de los grandes
líderes de Israel, como Moisés y el Baal Shem Tov). Victoria
implica para los judíos la ascensión de los niveles inherentes
en el aspecto físico de su alma y la fusión de esos niveles con
la fuente de energía del aspecto Divino de sus almas (como se
describió en extenso en el capítulo anterior).
En principio, el aspecto
físico del alma del judío proviene de lo que es llamado en
cabalá la cáscara intermedia, ese estado del ser que posee una
mezcla de bien y de mal. En hebreo el nombre de esta cáscara es
noga, que literalmente significa un "resplandor", que por
cierto posee un elemento de fulgor Divino que refleja su bondad
inherente, pero no es un resplandor claro y brillante.
Cuando los no judíos
experimentan el proceso de semi-conversión necesario para
transformarse en justos gentiles, ascienden desde su
enclaustramiento espiritual para identificarse con la cáscara de
fulgor intermedia, noga. De esta manera son similares a
los judíos que aun no han pasado por el proceso de rectificación
ya descrito. Es por esta razón que se le ordenó a la nación
judía ayudar a los justos de los pueblos, tanto física como
espiritualmente, para dotarlos con la fuerza de sobreponerse a
la negatividad inherente en la cáscara intermedia, de manera que
puedan superar su parte de maldad. Si se convierten
completamente al judaísmo pueden continuar su ascenso hacia la
fuente energía Divina junto con la nación de Israel, adquiriendo
el alma Divina de Israel.
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