Cabalá y Vida Moderna - Amor y Matrimonio
El Misterio del Matrimonio 
Paciencia Infinita
Rectificarnos y Rectificar a los
Demás
Constituye
un gran logro llegar a ser tan auténtico como para discutir
nuestros defectos francamente con nuestra pareja. Pero aún así
se debe tener cuidado de aplicar esta objetividad sólo a las
carencias y problemas propios, utilizando la ayuda y el apoyo de
la pareja para rectificarlos a través de la plegaria y el auto
refinamiento.
Con respecto a juzgar (o condenar) los
defectos y las faltas aparentes del otro, nuestros sabios han
dicho: "No juzgues a tu prójimo hasta que no estés en su lugar"
(Avot 2:4).
Explica jasidut que como uno jamás
puede llegar a estar en el "lugar" de los demás, no puede
comprender a fondo las motivaciones (el "por qué", tanto
conciente como inconciente) que hay detrás de su conducta, está
incapacitado para juzgarlo (Sefat Emet).
No obstante, "hasta que no estés en su
lugar" implica que uno debe tratar de comprender a su prójimo lo
mejor que pueda, para acercarse lo máximo posible al "lugar" del
prójimo. Esto significa relacionarse con él (tanto intelectual
como emocionalmente) expresando un amor cada vez más grande y
profundo.
A medida que uno se acerca al otro, su
punto de vista hacia él comienza a cambiar, empieza a verlo bajo
una luz más favorable e incluso a reconocer que las
imperfecciones aparentes que ha observado en él son en realidad
reflejo de defectos idénticos, aunque menos palpables, que
están en uno mismo.
Ahora es capaz de cumplir el dictamen
de nuestros sabios que complementa al anterior (Avot
1:6): "juzga a todo hombre favorablemente", y a aplicar la
enseñanza del Baal Shem Tov sobre el versículo
"Reprender, reprenderás a tu prójimo": primero se tiene que
reprender a sí mismo (respecto a la misma falta que ve en el
compañero) y sólo así estará capacitado para reprender
constructivamente a su prójimo.
Esta enseñanza del Baal Shem Tov
continúa y brinda una nueva visión del consejo dado por Reish
Lakish (Bava Batra 60b): "Primero rectifícate a ti
mismo, y luego rectifica a los demás". La palabra utilizada aquí
para "rectificar" (keshot) significa literalmente
"adornar". Esta palabra alude a la relación entre marido y
mujer, de lo que inferimos que dicha enseñanza general se aplica
en especial a ellos.
El antídoto para el Pecado
Cuando nos damos cuenta que la
rectificación del otro depende de la nuestra, aprendemos a ser
pacientes (con los demás). La paciencia es el antídoto contra la
ira. Esta está permitida sólo contra la mala inclinación propia,
como lo explican nuestros sabios: "Uno siempre debe agitar la
ira de su buena inclinación contra su mala inclinación" (Berajot
5ª). Respecto a otros en general y a la propia esposa en
particular, uno debe esforzarse en adoptar el atributo Divino de
la "paciencia infinita".
La paciencia infinita es la conciencia,
el "espacio" infinitamente amplio de la mente, que impulsa
nuestra capacidad de esperar que un conflicto se resuelva por si
mismo, suspender el enjuiciamiento, revisar y controlar
continuamente nuestra tendencia innata a relacionarnos con los
demás impulsivamente.
Es la clave para evitar el daño que nos
infligimos a nosotros y a los demás cuando no podemos controlar
las respuestas de la "primera naturaleza" a las situaciones de
la vida.
Por más grandes que sean, los pecados
arquetípicos de la Torá provienen de una carencia básica de
paciencia:
El pecado original fue comer del fruto
del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si Adán y Eva
hubieran esperado meramente tres horas hasta el comienzo del
Shabat antes de comer del árbol, hubieran heredado las
bendiciones del Edén por toda la eternidad.
El pueblo de Israel como un todo
retornó al estado edénico, liberado del ángel de la muerte, al
recibir la Torá en el Monte Sinai, pero perdieron este estado
con el pecado del becerro de oro, el ídolo que reemplazaría a su
líder, Moisés, por no esperar que descienda del monte. Nuestros
sabios se refieren a este como el pecado arquetípico "público"
(Avodá Zará).
David y Batsheva estaban destinados uno
al otro desde el principio de los tiempos y se suponía que
deberían haber sido la rectificación consumada de la pareja
original, Adán y Eva. Pero David tomó a Batsheva prematuramente
(Sanedrín 107ª; Zohar 3:78b; Shabat 55b), en las palabras de
nuestros sabios: "participó de ella antes de que haya madurado".
Esta impaciencia impulsiva fue la esencia de su pecado, que
nuestros sabios llaman el pecado arquetípico de un "individuo".
Los compañeros del matrimonio necesitan
estar constantemente alertas de promover la paciencia, que
depende de la fe y la confianza en Di-s: si deseamos algo y no
lo recibimos, es porque aún no somos merecedores de ello. Cuando
los cónyuges se dan cuenta de esto, se tornan mucho más
pacientes con el otro. En vez de exigir que el compañero sea
mucho más perfecto que ellos, se deben concentrar en rectificar
primero su propio carácter, con la ayuda de Di-s.
Con la paciencia llega la habilidad de
trascender nuestro innato carácter mortal y cumplir con el
mandamiento de emular a Di-s: "Así como El es misericordioso,
también tú se miscericordioso… Así como El es infinitamente
paciente, así también tu debes serlo" (Shabat 133b,
Mishne Torá, Deot 1:6). Así era el temperamento de
Moisés, como está dicho (Números12:3): "Y el hombre Moisés era
muy humilde", que Rashi explica como "sencillo y paciente".
La Tierra de Israel
La propiedad de paciencia infinita está
ligada conceptualmente con la naturaleza de la Tierra de Israel
(Likutei Moharán 1:155). La Tierra Santa es llamada
frecuentemente en la Biblia como "una tierra que mana leche y
miel" (Éxodo 3:8), evocando una imagen de sublime tranquilidad
espiritual, que uno podría experimentar en su hogar, dondequiera
que este se encuentre.
"Leche y miel" en hebreo, jalav
udvash, equivale numéricamente a "paciencia infinita", en
hebreo erej apaim, 352, sugiriendo que el atributo de
paciencia puede ser adquirido más fácilmente en la Tierra Santa.
Israel es el portal hacia el Edén,
donde Di-s deseó originalmente que el primer hombre y su mujer
vivan y crezcan juntos espiritualmente, relacionándose con amor
e infinita paciencia y mereciendo así la dicha eterna.
Cuando uno de sus jasidim le
consultó si mudarse o no a la Tierra de Israel, Rabi Menajem
Mendel de Lubavitch le contestó: "Haz la Tierra de Israel aquí".
De acuerdo con nuestra concepción de la "paciencia infinita"
mencionada arriba y su relación con la tierra de Israel, podemos
inferir que la moraleja de esta respuesta es: "dondequiera que
te encuentres aprende a ser paciente". La impaciencia representa
el estado existencial de vivir "fuera de la tierra de Israel",
mientras que una compostura serena manifiesta la verdadera
esencia de esta tierra.
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