Rabí Abulafia enseñó que es
preferible que estas imágenes aparezcan a alta velocidad,
alcanzando el máximo nivel cuando las imágenes aparecen
simultáneamente.
Si podemos percibir las seis
imágenes aparentemente negativas de la raíz tzará simultáneamente, hemos alcanzado la máxima velocidad, que
proviene de nuestro esfuerzo por alcanzar la nada. Este es el
poder de sanar. Todas las enfermedades son "algo", el mal. Sanar
es el poder de alcanzar la nada.
La raíz del Problema
Nuestros sabios explican que
la palabra tzaraat es un acrónimo de "el que emana
maldad", (motzi-ra), el charlatán. La enfermedad se
origina de las malas palabras que decimos de los demás (aunque
sean ciertas).
Si examinamos la raíz de esta
enfermedad que abarca a todas las demás, tzará, en un
nivel profundo vemos que su primera letra es una tzadik,
una "persona justa". La Torá refuerza la conclusión de que el
leproso del que se habla en ella es un tzadik. Al
describir a este enfermo en el versículo inicial, (Levítico
13:3) lo llama "adam", "hombre", la forma más elevada de
los sinónimos del concepto ser humano. Los sabios enseñan que
aunque la tzaraat es el origen de toda enfermedad, ya no
existe como tal, porque hoy en día nadie está a un nivel de
rectitud tal que merece una enfermedad tan terrible.
El Tzadik que tiene Mal
Las dos letras siguientes de
la raíz tzará son reish y ain, formando la
palabra ra, "mal". De esta manera, la raíz completa alude
a una persona justa que al mismo tiempo posee el mal. La
explicación simple de esta aparente paradoja es que esto se
refiere a una persona completamente justa que experimenta
negatividad en su vida. Para nosotros es imposible entender por
qué Di-s, que es pura bondad y amor, somete al justo a malas
experiencias.
Jasidut explica que un
tzadik que tiene mal dentro de si, se refiere a una persona
que no es cien por ciento justa. Aún tiene una pizca de mal,
porque de no ser así sería invulnerable a las cosas malas, y
porque tiene esa partícula que tiende al mal en las
profundidades de su conciencia, está expuesto a que ocurran
eventos negativos en su vida. El propósito de este sufrimiento
es rectificar la ínfima partícula de maldad que aún existe en su
interior. Si tuviera una cantidad mayor de maldad en su alma, no
sería un tzadik, sino una persona intermedia, en cuyo
caso no sufriría el mismo tipo de tribulaciones, en tanto no
sean relevantes a su rectificación particular.
Cuando un tzadik sufre,
esto no interfiere en absoluto con su fe en Di-s. Este
sufrimiento incluso realza su fe, por cuanto esta contento de
saber que todo lo que le sucede proviene de Di-s y es
definitivamente por su bien. Este es el origen de su curación
completa.
El Leproso en las
Puertas de Roma
De acuerdo con el Talmud,
antes de su revelación el Mashíaj es un leproso que se sienta a
las puertas de Roma (la Civilización Occidental). Cuando este
leproso sana se transforma en el Mashíaj revelado, pero mientras
tanto es el máximo tzadik, que de todas maneras aún lleva
profundamente en su conciencia ese ápice ínfimo de inclinación
al mal. Esto es lo que le permite conectarse verdaderamente con
todo el pueblo, el gran tzadik ama al pueblo y no tiene
necesariamente la asoluta capacidad de diferenciar entre el lado
bueno y el malo de la persona. A niveles realmente elevados de
conciencia, una persona es capaz de discriminar lo sagrado de lo
malo y amar sólo la santidad que hay en el otro. Pero la mayoría
de la gente, incluso un gran tzadik, no siempre puede
alcanzar esos niveles, al final de cuentas es más importante
amar al prójimo, incluso si esto incluye su maldad, que no amar.
Paradójicamente, este punto de mal es un requerimiento necesario
para el tzadik, porque necesita esta inclinación
infinitesimal hacia el mal para poder identificarse con el
mundo, un prerrequisito para redimirlo.
La Rectificación
Mesiánica
De todas maneras, los sabios
dicen que tzaraat está asociado a lashón hara, "la
mala lengua". ¿Cómo se puede asociar esto con un tzadik?
Toda persona tiene una chispa
de Mashíaj en su interior, su propio potencial mesiánico que
debe manifestar y que está en proporción con su nivel
espiritual. El tremendo potencial mesiánico del tzadik
permanece insatisfecho mientras el mundo no le permita
manifestarlo. Esto lo puede llevar a una profunda frustración
existencial. A veces, debido a esta frustración, el tzadik
puede expresar inadvertidamente algunas palabras negativas,
culpando a la realidad exterior por su incapacidad de ejecutar
su potencial mesiánico. En cuanto, aún inadvertidamente, culpa a
otro, a su nivel ha hablado lashon hara, lo que lo hace
vulnerable al sufrimiento y a tzaraat. Esta
vulnerabilidad proviene de su crucial partícula de maldad en el
interior de su conciencia.
Los pensamientos del tzadik
y la comprensión de su propia frustración existencial, en tanto
el Mashíaj no esté aquí, son la rectificación de su
estado de sufrimiento. La curación completa y verdadera para su
frustración y enfermedad es la manifestación del Mashíaj,
quien traerá redención al mundo entero.