La Meditación Judía

 

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Introducciones

Parte 25

La Plegaria – El Séptimo Mandamiento

Hemos construido ahora un espacio meditativo donde nos experimentamos moviéndonos en todo momento, es decir, una conciencia de espacio-tiempo Divino. Definiendo nuestra conciencia en términos de los seis mandamientos continuos de la Torá, como se delineó antes, nuestra mente será capaz de asimilar todos los estímulos que afecten nuestros sentidos de la forma más adecuada y conducente a una vida sagrada y productiva. Sin embargo, hay un séptimo mandamiento que, aunque no está definido en la Torá como continuo, “se esfuerza” por serlo: la plegaria.

Cuán a Menudo Debemos Rezar

La Torá ha especificado pautas sobre cuán a menudo rezar. Es interesante destacar el desarrollo de estas pautas. De acuerdo a muchas autoridades halágicas , la plegaria no se cuenta dentro de los 613 mandamientos escritos en la Torá. Por el contrario, otras autoridades afirman que de hecho, uno de los 613 mandamientos de la Torá es rezar a Di-s, pero esta obligación se aplica cuando nos encontramos ante un problema o necesidad. Otros sostienen que la Torá escrita requiere de nosotros rezar diariamente.

La Torá oral y la costumbre judía, sin embargo, amplían la obligación de rezar a tres veces diarias para el hombre y dos para la mujer. Finalmente, los sabios del Talmud expresan su sentimiento: “Que cada uno pudiera rezar el día entero, continuamente”.

En esta declaración, los sabios expresan el estado ideal de plegaria continua. Así, vemos que el servicio de la plegaria progresa, como un mandamiento explícito, en un estado de cero-a-infinito: es el “estado suspendido” de “volverse” una mitzvá continua, un componente full time de la conciencia judía. (En términos matemáticos, es un “proceso límite”, la aproximación a un estado de continuum). De esta manera el servicio de la plegaria “aspira”, por así decirlo, a ser uno de los mandamientos continuos de la Torá.

Trascender el Autoconocimiento

El significado de esto es el siguiente: Incluso la conciencia producida viviendo en el espacio meditativo descripto arriba, por más refinada e ideal que pueda ser, sigue siendo conciencia de uno mismo . Seguimos estando concientes de nosotros mismos mientras transitamos por nuestro espacio Divino definido. Sin embargo, nuestro estado del ser último es estar tan conciente de la dependencia absoluta que tiene la realidad respecto de la Divinidad que palpita a través de ella, que perdemos la percepción del ser en general, estando por el contrario sólo concientes de “cosas” (incluyendo a nosotros) que son distintas manifestaciones de la Divinidad.

Mientras que no hayamos alcanzado este nivel de conciencia, que sigamos siendo seres “separados”, permaneceremos concientes de nuestra nulidad existencial ( shiflut ) y deberemos “rezar” –ofrecer a Di-s- la concientización que fuimos capaces de crear en nuestro espacio meditativo. De acuerdo con el Talmud, la plegaria corresponde a (y es la dimensión interior de) el servicio de los sacrificios del templo. En la plegaria, nos ofrendamos, ofrendamos nuestro “yo”. El rey David declara: “…y yo soy plegaria”.

Esto puede ser leido “y mi “yo” es mi ofrenda [al rezar]”.

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