Cabala
y Torá
La Guematria de la Semana 
Purim en un Año
Preñado
Este año el calendario judío tiene 13
meses en vez de 12 como los años normales, por eso se llama “año
preñado”. Es como si el año está embarazado y tiene otro mes en
su vientre. Por eso, el mes adicional, llamado Adar I que es el
mes 12 (no el 13 como uno podría pensar), es llamado el “mes de
la preñez” (jodesh haibur). Por lo tanto el mes 13 es
Adar II.
En esta semana se rememoró las fechas
de 14 y 15 de Adar I, o Purim (y Shushan Purim) katán,
literalmente Purim menor. Siendo menor, Purim katan no es
celebrado con las mitzvot materiales que se cumplen en Purim
propiamente dicho, pero sin duda es una ocasión de alegría y de
preparación para la transformación que nos posibilitan los días
de los dos meses de Adar. Esta transformación puede afectar
nuestro ser interior como así también nuestro entorno y sus
circunstancias.
Purim katán nos lleva a
meditar en primer lugar acerca de la razón de que el Pueblo Judío
requiera semejante milagro como ocurrió en Purim. La historia de
Ester y Mordejai transcurrió durante el exilio Persa, que en
realidad fue una continuación del exilio babilónico. De acuerdo
con los sabios, el motivo de que hayamos sido castigados tan
terriblemente con el exilio de Babilonia fue porque los hombre
se involucraban en relaciones impropias con mujeres extranjeras,
no judías. Esta desecración del ser físico sagrado del Pueblo
judío fue entonces incrementado más aún cuando los judíos de
Shushan comieron la comida no kasher servida en los festines del
rey Ajashverosh descriptos en el comienzo del libro de Ester.
Nuestra primera guematria (equivalencia
numérica) para esta semana es:

nashim nojriot
= Sara Rivka Rajel Lea
Esto nos dice literalmente que el valor
numérico de “mujer extranjera” (1086) es igual a la de los
nombres de las cuatro matriarcas: “Sara, Rivka, Rajel, Lea”.
Esto revela un punto muy importante acerca de la equivalencia
según la guematria. Hay veces que la equivalencia denota
que los dos lados de la igualdad son como archienemigos o
archirivales. El lado positivo y sagrado de la ecuación es
responsable y tiene el poder de rectificar el lado negativo. En
este caso, la identificación estricta con la identidad judía y
su permanencia, que se propaga a través de las generaciones
comenzando por nuestras cuatro santas matriarcas y continuando a
través de todas sus hijas, las mujeres de Israel, tiene el poder
de rectificar la profanidad presente en el cuerpo proveniente de
acciones físicas impropias.
Purim se relaciona profundamente con
Jánuca de muchas maneras. En Januca celebramos la victoria de la
minoría judía sobre las tremendas influencias helénicas que
controlaban la sociedad judía en la Tierra de Israel de aquel
tiempo. Los milagros de Januca ocurrieron durante la época del
Segundo Templo. Dicha influencia se debía predominantemente a la
introducción de una “sabiduría externa”, como por ejemplo
filosofía, estética, etc., que luchaba contra la sabiduría de la
Torá en un intento de dominar al pueblo. Finalmente, los
Macabeos triunfaron porque rechazaron esta influencia foránea
fortaleciendo el estudio de la Torá. De aquí nuestra segunda
guematria para esta semana:

Jojmot Jitzoniot = Majla, Noa, Jogla, Milka, Tirtza
Esta guematria dice literalmente
que los valores numéricos de la “sabiduría foránea” (1044) y los
nombres de las cuatro hijas de Tzlofjad: “Majla, Noa, Jogla,
Milka y Tirtza” (ver Números 26:33) son iguales. Como se cuenta
en la Torá, las cinco hijas de Tzlofjad, al no tener hermanos,
eran tenaces e insistentes en su demanda de que se les diera el
derecho de heredar la porción de la Tierra de Israel que le
correspondía a su padre. Los sabios nos enseñan que estas cinco
mujeres eran especialmente sabias, poseían y manifestaban la
sabiduría verdadera y enraizada naturalmente presente en el alma
de cada judío. Aprendimos en el Tania que el poder supraracional
del alma judía de sobreponerse a las tentaciones inherentes a
las sabidurías ajenas yace dentro de la esencia íntima del punto
Divino de sabiduría que hay en cada alma judía, la sabiduría que
sabe de forma innata que Israel, la Torá y Di-s son
esencialmente uno y que la tierra de Israel fue entregada como
herencia eterna al pueblo judío. La “mujer virtuosa” judía es
especialmente conciente de este hecho y luchando por sus
derechos a la Tierra Santa triunfa sobre las sabidurías externas
y ajenas que intentan confundir la diferencia entre lo sagrado y
lo profano. Lo que aprendemos de esta guematria es que para
heredar la Tierra de Israel se requiere que nos identifiquemos
con las cinco mujeres de Tzlofjad y de esa manera liberarnos de
la confusa influencia de la sabiduría cuyo origen es ajeno a la
Torá. Que la voluntad de reclamar la Tierra de Israel nos libere
de la confusa influencia de las sabidurías no judías externas.
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