| Tres Etapas en la Evolución del Pensamiento Cabalístico |
Introdución
Evolución Histórica del
Pensamiento
Cabalístico
Cabalá:
Un Sistema
de
Correspondencias
Hishtalshelut
y la Cabalá
del Ramac
Hitlavshut
y la Cabaláh
del Arí
Hashraá
y la Cabalá del
Baal Shem Tov
Tres Variedades de Fuerza Creativa
Coaj, Jaiut
y Or
Tres Conceptualizaciones
de Tiempo
Cuatro Niveles
deAlabanza Divina
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Principios de
Cabalá y Jasidismo
Tres Etapas en la Evolución del
Pensamiento Cabalístico
Parte
7
Tres
Conceptualizaciones de tiempo
Podemos también correlacionar con las
tres cabalot, otro conjunto de conceptos
que expresan varias perspectivas de la relación
entre tiempo y Creación.
El primero,
que aparece en textos filosóficos como el
concepto de ila v'alul
("causa y efecto"), representa la
dinámica temporal de causalidad, implícita en
el modelo "evolucionario" de la
Creación articulado por el Ramak. De acuerdo con este modelo, todo estado
evolutivo en la Creación, es el producto de
todas las etapas que le precedieron. Al contrario
de otras concepciones de causalidad, que plantean
una realidad determinística opuesta a la
creencia fundamental de libre albedrío y
responsabilidad moral, la causalidad de hishtalshelut
está limitada a la
dimensión externa (los "recipientes
externos"), de la Creación, dejando actuar
a la dimensión interna de "luz" o
alma, de acuerdo con sus propios principios.
Verdaderamente, el enfoque de hitlavshut del Arí, el "investirse" del alma
dentro de la realidad externa, implica una
dinámica temporal completamente diferente dentro
de la Creación, la
de briá iesh m'ain
("creación ex-nihilo", de la nada). En
el sistema del Arí, se
describe la creación ex-nihilo, como
un proceso a través del cual Di-s regenera
continuamente la existencia, "en cada
momento y momento", alternativamente
nulificando la realidad, y luego reinvistiéndo
un rayo de Su luz infinita en el vacío
existencial resultante. Esta
continua recreación, es responsable del pulso de
vida que reverbera a través del cosmos, el persistente atrás y adelante (o
"correr y retornar", como es llamado en
cabalá),
entre la "nada" Divina y el
"algo" creado. Sin
la dinámica de hitlavshut, uno simplemente está no
"vivo" espiritualmente, más bien una
"piedra rodante", inanimada,
llevando a cabo un proceso físico sin percatarse
de su libre alvedrío y potencial creativo.
A pesar de que el concepto de recreación continua,
sugiere que el tiempo no es más que un momento
presente eternamente recurrente desconectado del
pasado (y entonces no determinado por él), no es esto lo que implica esto
exactamente. El
pasado colectivo de la Creación, enraizado en su
fuente Divina, es conciliado en el presente por
el rayo de luz infinita, que se inviste en cada
reconstrucción de la realidad. Entonces la luz
infinita o alma de la existencia, sirve para unir
esta reconstrucción cuantitativa, en un acto simple e integrado de
renovación Divina.
Sin embargo hay otro nivel de conciencia,
que implica una aún más sublime apreciación de
la relación entre el tiempo y la Creación. Este
es el nivel de conciencia invocado por el Baal Shem Tov en su descripción de la Creación: la
autoexpresión Divina en su máxima expresión. Ki mimja hakol
: "porque todo emana de Ti", no sólo el espíritu singular de la
Creación, sino también su multiplicidad de
forma.
Mientras
que el Arí ve
la Creación emanando de la "nada", el Baal Shem Tov
la ve como emanando de Di-s
en Si mismo. El
Arí nos habla de la "nulidad"
de la preexistencia, como sinónimo de la luz
infinita de Di-s anulando toda otra realidad. Pero por más sublime que pueda ser, el
dominio de la "luz infinita" no se
puede comparar con el de su fuente última, la
absoluta Esencia de Di-s, la que de acuerdo con
el Baal
Shem Tov, es el
verdadero origen de la realidad.
En el contexto de
tiempo que experimentamos, este nivel de
conciencia lo lleva a uno a identificar una
sincronización Divina de los marcos de
referencia de tiempo, donde el pasado, presente y
futuro existen simultáneamente dentro de la
Creación. Este estado de conciencia paradógico,
refleja de hecho la realidad Divina última,
expresada por el Nombre esencial de Di-s de
cuatro letras (Havaiá), una
amalgama de las palabras haiah, hoveh e ihieh, "fue, es y será". Sólo trascendiendo los límites del
"tiempo creado", incluso en su más
profundo sentido, como un continuo momento
presente, nos
podemos aproximar a la verdadera naturaleza de la
realidad.
Vemos entonces que hay tres etapas en la
maduración de la conciencia, correspondientes a
diferentes concepciones psicológicas del tiempo. El concepto clásico de tiempo, como una
continua progresión de momentos fluyendo uno
tras otro, refleja la conciencia de hishtalshelut;
que en forma aislada puede
llevarlo a uno a verse como una víctima de una
realidad entrópica y determinística, con la
consecuente limitación del potencial creativo.
La más
esclarecida concepción del tiempo derivada de la
conciencia de hitlavshut, permite a través de una constante
renovación y creatividad, que en cada momento
uno se libere del pasado, y descubra el rango de
posibilidades inherentes en el continuo momento
presente.
No obstante, únicamente la concepción
supratemporal del tiempo, asociada con la
conciencia de hashraá, le permite a uno la absoluta libertad de
identificarse con Aquel quien creó el tiempo
mismo.
Este estado de conciencia,
que se cristalizará en el tiempo de la
redención universal, contiene la clave para
liberar toda la Creación de sus ligaduras
imaginarias de la conciencia personal,
restaurando el verdadero rostro Divino de la
realidad.
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